domingo, 5 de enero de 2014

DANUBIO


¡Buen año 2014! Haya música, abrazos, bailes... Trabajo, salud, paz, amor... Alegrías. Para todos y en todo el mundo. Sé que este deseo de múltiples deseos lleno, es casi imposible que llegue a cumplirse, pero es un buen deseo desde mi corazón, y es sincero. De momento, no tengo otro mejor. 
Inmersos sin escapatoria en una crisis mundial, y más que económica, los proyectos, los intentos, deberán ir acompañados de grandes esperanzas, y quizá de algún malabarismo poético entre Shiddhartha y Govinda; o de un revuelo musical del "Lago de los cisnes", entre aquel "Claro de luna"; o dejarnos llevar en los brazos armoniosos del  "Danubio azul", donde la visión nos aleje por momentos de esta realidad tan depravada, y casi aberrante.
Así, yo me animo en la idea del "cambio", y, de un posible vals universal...
Y digo: cambio. Porque creo que sin él, no habrá prosperidad, ni individual ni global. Ni quizá, supervivencia.
Tengo la sensación de que a pesar de tantas posibilidades externas, tanta abundancia y confort, estas cosas, no generan sin embargo, la armonía necesaria para sentirnos felices. Hay (se cuenta), que existe un desequilibrio entre nuestra vida interior y la exterior, y, que vamos dirigidos casi exclusivamente al disfrute externo. Medio borreguillos consumidores y casi conejillos de indias, ¿inocentes?, entre tantas realidades diferentes... Un error que no percibimos con claridad, ya que no meditamos en nuestra finitud. Y sí, esto es lo que hace el hombre, acaparar, romper, morder, cortar, matar...,  y a veces, a costa de las desgracias de otros compañeros de tierras (personas, plantas, animales), pensando que estará aquí para eterno. Si realmente se comprendiera nuestra temporalidad, probablemente las crisis económicas o de cualquier otra índole, se solucionarían por inercia, simplemente: compartiendo y dejando vivir. Y nos dedicaríamos más a sentir la vida en su verdad unilateral, a disfrutar de la belleza de todo lo natural, armonizando nuestros mundos, reflejándonos en la sencillez de lo vivo, y amar, amándonos. Disfrutar sin dañar. Y, a dejar crecer a los niños, a los árboles, a los ríos...
También en este aspecto con el entorno natural, el conflicto del hombre actual con la naturaleza es otro drama; el no saber relacionarse con ella de forma armónica, viene a responder más sobre lo mismo: su osadía. Su prepotencia, su creerse superior, quizá ¿sobrenatural?, y que precisamente, es otro gran error que traerá consecuencias irreparables.

Para este 2014 quisiera muchos cambios. Los cambios que siempre esperamos y no llegan; los que deseamos y tampoco nos alcanzan; los cambios ineludibles y urgentes en todos  los rincones de esta tierra, para que no muera la dignidad humana. Los cambios de aquí y ahora; los de hoy para el mañana; los de mañana para el después; los cambios: tuyos, míos, nuestros..., tan necesarios. En fin, un río con su aluvión de cambios corrientes. Un Danubio de cambios... ¿Los cambiarías conmigo? ¿Vendrías a bailar entre sus aguas? Las cuatro estaciones de la vida nos reclaman y deberíamos vivir en ellas, y, con ellas.
Y es que falta alegría. Hay que ir a buscarla. Pero la alegría está por todas partes, en cualquier cosa, en cualquier lago..., apenas una música, cuatro vueltas, tres abrazos, dos besos..., un cambio de maneras.
De momento, las palabras ya reman por las aguas azules, se dejan elevar por la música de un vals sobre el vaivén  de las probabilidades... El primer cambio será bailar. Sí, un vals contigo.

UN VALS CONTIGO                                                          
Mi río eres tú,
celeste caminante de los valles,                                                                   
caudal que emerges y te naces
y me llenas en el sentir profundo.
Quiero cambiar contigo,
y que me nazcan naves,
balandros, amarres,
blanca espuma, velas azules.
Cambiar las guerras
por la melodías de los violines;
la pobre avaricia,
por la rica inocencia.
Toda el hambre del mundo,
por un cielo de trigales dorados,
por tu sonrisa iluminada.
¡Vuelve luz a los ojos!
A las bocas saciadas,
a las manos llenas de abundancia,
al corazón sin miedo.
Río lleno de orígenes y cambios,
de riberas de lunas,
de remansos fulgurantes,
espero tu ambrosía.
Y cambiar esta absurda violencia, 
por abrazos de acordeones y guitarras.
Cambiar la soledad del mundo
por el canto de los pinzones.
Cambio tus lágrimas
por un albar de flores.
Tu dolor,
por un arrullo de alondras
mimosas, 
mientras rizo tu pelo...
Mientras beso
las raíces de tus males.
Tu cansancio,
por un vuelo en las alas de los cisnes,
lejos de tu rama,
cerca del lago milenario.
Tu desasosiego,
por un valle de besos coloridos,
escandalosos, traviesos, fugitivos...
Y toda la mendicidad mundana,
por el agua cristalina de tu cauce.
Cambio este linaje sin música
por unas "ganas nuevas",
bien trenzadas,
bien rimadas,
al sonoro caudal de tus canciones.
Mis páginas escritas
con su fuego y su luz,
por tu verso enamorado;
mi vestido de fiesta,
por la eterna promesa...
Por un vals contigo
sobre el Danubio azul.
          Clarisa Tomás.

Poema incluido en el libro: "Entre dos tierras". Ed. Punto Rojo, nov. 2015.  Por: Clarisa Tomás.