martes, 18 de febrero de 2014

MARÍA

Audrey Hepburn. Dibujo de Resan Van Leeuwe. Artista, Netherlands. DeviantART.
Primero perdí la dicha,
después perdí la alegría;
mas tarde, perdí el encuentro
con la vida que era mía...
Yo (sin).

María, ya no tiene nombre:
se ha quedado sin letras.
Su mirada no encuentra
el bello horizonte,
donde sabe se tocan
los días y las noches.

María, ya no vive,
hace tiempo está lejos,
en etéreos limbos
de tierras mas nobles.

Cuando sopla el viento
su cuerpo se eleva
y viaja en las nubes,
y brilla en los cielos.

Es un libre secreto,
un destello corriente,
un suspiro de rosas.
Y no tiene otra cosa
que, mirarse en la fuente.


Del libro (inédito) "Paisajes desde una cornisa", por: Clarisa Tomás.

viernes, 14 de febrero de 2014

RAÍZ ARRANCADA

Belleza en flor.
"Ven conmigo,
que haremos flores,
pétalos a lápiz
y arco iris de colores".
"Cuando nazcas". 
(Nana) de Lucía Solana.

Cuando desperté,
caían las hojas de los encuentros;
ya se han quedado marchitos,
ya vivirán desnudos.

Nevaba sobre el jazmín...

Copos de bocas blancas
lamían mi quietud;
y venían a mí los herrerillos
y se quedaban mudos.

Rugía el desconsuelo...

Aquí, en esta parte
donde ahora me cobijo,
oí gritar bajo la tierra,
y eran alaridos
de leona enjaulada.

Almendro que no has florecido...

Aún siento tu raíz
aferrada a mi sangre.
Morir contigo habría sido
el destino más fácil...

Y eras luz y eras vida...

Salí extraviada
sobre campos dormidos;
la lluvia goteaba
sobre este corazón
de pétalos y rocío:
¡Hijo mío!

Donde el cenit lloró...

Y vi abrirse en grietas
dolores de mi alma,
como se abren las raíces
profundas de la tierra;
levantaban sus cabezas
y las vi en carne viva,
querían ser arrancadas,
morir de desarraigo.

En tu lecho infinito...

Y doblegué a la hora
que azotaba con furia;
– mi regazo fue cuna
del duelo de un suspiro –.
Y acaricié a la pena,
rota, como las penas,
que ya moría en mis brazos.


Del libro: "Entre dos tierras". Ed. Punto Rojo, nov. 2015.  Por: Clarisa T.


jueves, 6 de febrero de 2014

NUNCA ES TARDE


Que la vida me despierte temprano,
antes de que el mar me invade
con algún naufragio...
Nunca es tarde
para salir de trampas,
si descubres la puerta,
si te armas
con la llave de tus fuerzas.

Yo nunca tuve ojos;
nunca tuve boca;
ni manos, ni pies.

Mi voluntad eras tú,
caminaba en tus zapatos,
vivía en tu piel.

Y miraba a través de tus ojos
y me perdí en la inmensidad...

Anduve, y no llegué más allá
del porche solitario de mi regazo,
donde los niños jugaban
entre el ciclamor rojo,
y las hojas de aquel tilo
medio desnudo y callado.

Perdimos la clave del portal
de los comienzos,
y no fuimos ni dos errantes pasajeros.
Simplemente, no fuimos.

Nada queda de las horas
halladas y perdidas;
se borraron tus huellas y las mías,
como se esfuma el perfume
de la breve mañana.

A veces, vuelvo la mirada
para recordar tu cara,
tu dulzura silenciosa.
Para sentir aquel preludio
de tus palabras
que nunca fueron versos,
y me alejo...

Me alejo de todos los lugares
donde la luna nos llenó de luces,
donde la noche nos cantó sus miedos.

Te inventé ¡tantas veces!
Y me perdí por ti,
y me olvidé de mí.

Equivocada anduve creyéndome reina,
y a veces la princesa que calzaba tu vida.
Yo, que siempre fui descalza...

Aprendí. Y sé que nunca es tarde.
Ahora veo y hablo,
reconozco el tacto de mis manos;
ando, corro, no soy de nadie
y, el mundo..., 
tiende un puente ante mis pasos.


Del libro (inédito) Los puentes desatendidos. Por: Clarisa T.

sábado, 1 de febrero de 2014

SILENCIO VACÍO

Imagen del film: "El señor de los anillos: El retorno del rey (2003). Peter Jackson. 
Un poema no evitará guerras,
ni injusticias,
ni salvará lo perdido, lo sé.
Pero invadirá algún sentido,
algún silencio vacío...
La ingenuidad y yo. 
Me duele el desquicio
de la crueldad humana;
me duele el suplicio
del árbol y la fauna;
el azote del destino
sobre la piedra rota...
Me duele el vuelo errante
del aliento perdido,
que aletea exhausto
sin encontrar la rama.
Las mañanas torpes
sin luces ni vestidos,
sin pintura de flores,
sin deslumbres del río...
Me duele el duende
del amor apagado
que ya no embelesa,
que ya no inventa
en la azotea del alba.
Se han dormido
las razones del alma
y está Vida sin brillo,
los cielos sin alas...
En las camas,
soplos y ronquidos
duermen sus desgracias;
en las calles,
viejas y largas,
deambula sin ser visto
un silencio vacío.
Un rumor de furias,
un batir de espadas...
¿Quién ruge y avanza?
El miedo se ha escondido,
es la crueldad que pasa...


Del libro (inédito) "Donde el maizal florece". Por: Clarisa T.
(La última estrofa, con permiso de Bécquer, acoplo mis palabras)