martes, 19 de agosto de 2014

AHORA QUIERO TUS CUENTOS

Imagen: "Cuentos de la luna pálida de agosto" (Ugetsu monogatari), 1953. Director, Kenji Mizoguchi.
Considerada obra maestra de su autor. Premiada con el León de Plata del Festival Internacional de Venecia. Muy bella película, tanto por el argumento como por las imágenes.

Ya no quiero dormir,
ahora quiero tus cuentos...

Me regala el camino
una rosa temprana,
un saludo rebelde
va corriendo y me pasa.

Un capricho, ¡curioso!,
se me queda mirando,
mientras yo sola ando
y a veces me tropiezo.

Fijo al norte equilibrio
y las piernas me tiemblan,
y temblando comienzo
a correr con más fuerza.

Ha pasado Pegaso
y me tira del pelo,
y me trenza y desgrana
su alunado reflejo.

Y la ninfa del cuento
juguetea en mi pecho:
que se abre, se cierra;
que se vuelca y se avienta.

Y entre saltos febriles,
no aminoro carrera.
El aliento me quiebra,
pero no me detengo.

Quiero llegar al alba,
a las torres de luna,
a la calle sin curvas,
a la fuente de Clara.

Pero Clara se escapa,
le han nacido dos alas...
Dulcinea feliz, 
Cenicienta calzada.

Aparezco en mi gloria,
con la magia y el verso.
Ya no quiero dormir,
ahora quiero tus cuentos.

Del libro (inédito) "Paisajes desde una cornisa", por Clarisa Tomás.

UNAS PALABRAS...
Aprovecho este espacio, para tomar un té con ustedes y, aunque sean escritas, intercambiar unas palabras. Gracias por vuestro cálido reflejo y la complicidad que me demuestran al leerme, al dedicarme un poco de su tiempo. Lo valoro. Como saben, este es mi elemento...


A pesar de esta actualidad tan mala que oscurece al mundo; a pesar de tanta horrible noticia, de corrupciones, violencia en todas partes, enfermedades, desahucios... Este presente que parece tan incierto para muchos, aún así, no debemos dejar morir la alegría de vivir, porque somos de tierra,  y la tierra es cuanto tenemos. Luchar por ganar un poco de justicia común, nos merece.

Ayer nació Emma, hija (su primer hijo), de unos amigos muy queridos... Y justo hablamos de ese constante resurgir de la vida: unos mueren, otros nacen... Los niños son la fuente de la alegría permanente, parece mentira, que se demuestre tanto desprecio por ellos por parte de las clases preponderantes, más bien para robarles la inocencia y la vida feliz, que como niños se merecen. Es inadmisible que los gobiernos actuales permitan que se masacre la inocencia, que se consientan nuevos genocidios, que se llegue a la pobreza.

Con respecto a mi país, siento vergüenza de la clase política y de todos los que tienen que ver con el poder, instituciones gubernamentales, emporios financieros y demás... Sólo demuestran lo banal de su sentir, cuando únicamente les importa lo económico, y esto por mucho que nos hagan reír, encomendándose a santos... Siento que se burlan.
Hay en este país casi 1.000.000 de jóvenes entre 25 y 35 años, que han emigrado, y no por aventura o turismo; la mayoría viven su drama personal, al tener que dejar su entorno para poder malvivir, quizá, en otros... En fin, la lista de desgracias actuales es interminable, qué podría añadir que todos no sepáis...
Aún así, me gusta sonreír y ver otras sonrisas y ojalá haya contagio de carcajadas un día de estos; y a ver si esta generación tan especial de jóvenes luchadores, logran, pueden, ganan...

Saludos. Siempre lo mejor para ustedes.
Clarisa. 


domingo, 10 de agosto de 2014

EN EL GUETO

Imagen: "El Grito" , 1895. Edvard Munch. 
A Gaza. 
A los que mueren, a los que viven...

Y hasta los cedros del Líbano se han encogido amedrentados, aterrados por el rugido de las bombas, que a todas horas, tiñen con la sombra nauseabunda de la muerte. No hay tregua para enterrar a los muertos, estoy encerrada en el gueto.
La luna, hace noches que no la vemos y el miedo nos hace imposible abrir una rendija y asomar la cabeza. Una nube de polvo y humo se apoderó de este lugar. Estamos desapareciendo. Sólo tú, Mediterráneo, lloras por mí...
Estamos en medio del conflicto, en medio de la metralla, y la venganza afila sus uñas. Estamos rodeados de malas intenciones, entre las zarpas de una guerra sucia que no iniciamos, somos los perdedores. Los despojos que las hienas se reparten, el trofeo de los cobardes. Somos los eternos refugiados, los apátridas que vagan...

Hace seis meses, a mi padre lo cogieron prisionero, pero yo vi como lo mataron. Lo degollaron como a un cordero, mientras lo tiraban a un camión cargado con el resto de hombres desafortunados. No he sabido más, ni sé dónde habrán acabado sus huesos.
Mi vida desde entonces, ha sido una lucha que no acierto a saber cómo voy contando los días. Pero aún cuento. Estoy viva, aquí, en la salvaje tierra.
No somos traidores los que queremos paz. Los que amamos nuestra tierra sin quimera. ¡No somos traidores!. Quisiera que murieran las ideas ancestrales, las creencias absolutas, todas las mentiras y verdades que han convertido la paz en un desierto; ojalá las aguas del Jordán las lleve al remolino ciego para siempre. Y abrir nuestras ventanas al naciente, sin más rejas; sin más vallas; sin más tanques.

Hay un hijo que espera en mi vientre, que ya no tendrá padre. Él era el aroma de mi esperanza, un joven soldado que no creía en muros ni en lamentaciones... Porque su pueblo y el mío han sufrido por igual, y arrastran una cadena de males muy vieja; porque el amor en esta parte del mundo, no quiere saber de fronteras... Quiero pensar que él luchará por mí y borrará de mi alma la desesperación. Que me traerá la vida nueva que no tuve, que redimirá este dolor que se hunde en la cueva de mis diecisiete años.
¿A quién puedo contar mi sacrificio? ¿Quién sanará mi corazón?. ¡Quiero verte nacer y crecer!. ¡Reír y vivir!.
Aquí todos están atormentados, la tortura es común; y, es común la muerte de los niños; y es común la losa sobre el pecho... Ya germina el odio sobre el odio. Ya muere Sabiduría.

Sólo a ti, que presumo habitas en alguna parte, puedo hablarte de mi rumbo incierto, clamar este delirio. Y aunque todo quede en tierra amarga, de algún modo, quizá haya un lugar de ecos planetarios, donde el mío se escuche junto a otros...

¡Father!
Aquí en el gueto
la vida es difícil,
las bombas llueven,
la muerte se esparce,
el alma se estampa,
los huesos se parten.
Temblor en mi vientre.

¡Father!
Desde aquel día
el alba es infierno;
mi pobre madre
murió protegiéndome,
y nuestro perro
salto por los aires.
Temblor en mi vientre.

¡Father!
Mi hermano pequeño
fue herido de muerte.
Harzú y Gerbitia están prisioneros,
la zarpa es continua,
la tierra entre dientes...
Temblor en mi vientre.

¡Father!
Recuerdo tus ojos perdidos en nada,
el mundo está roto,
los hombres fracasan.
Ya no hay miradores
desde este lugar,
la torre vigía quedó derruida,
el aire trae herrumbre
de sangre y cenizas.
Temblor en mi vientre...

¡Father!
No sé si el mundo
comienza o termina,
si el hijo que espero
verá esta verdad;
si una sonrisa
me traerá el mañana,
cantando a mi niño
una nana en el alba.

¡Father!
Si en nuestra tierra
crecerá el sarmiento,
si alguna vez
la paz será un hecho.
Dolor en mi pecho.
Temblor en mi vientre.

¡Father!
Estoy prisionera
y el miedo me vence.
Quisiera ser roca,
o ser agua corriente.
Arrulla mi alma...
Temblor en mi vientre.

Fragmento del relato poético inédito "Cartas desde la orilla", por: Clarisa Tomás.