miércoles, 10 de septiembre de 2014

COMO A UNA HOJA...


A la memoria de Amrita y Manjit.
"Sí, puedo amar una piedra, Govinda,
así como un árbol y hasta un pedazo de corteza.
Son cosas, y las cosas pueden ser amadas".
Hermann Hesse. Siddhartha.

Como a una cierva
te apresaron las fieras,
fuiste colgada
como un perro del árbol.

Qué pena la inocencia
que cuelga de una rama,
qué tristeza la del ave
que le cortan sus alas.

Como a res indefensa
te clavaron a un clavo,
con tijeras sedientas
te cortaron las manos.

Qué pena de la vida
cuando no vale nada;
qué tristeza la del perro
que cuelga de una rama.

Ya no hay dolor en las calles del mundo,
hoy se ha fundido con la fragua del río.
Como a una espiga te sangraron el trigo.
Ya no hay dolor en la cresta del viento,
vaga tu nombre en busca de sosiego,
le abro mi pecho, se funde con el mío.

Como a una estrella que dejaron a oscuras,
te rompen toda bajo la espesa bruma;
como a una luna que dejaron sin brillo,
sangran las olas a golpe de martillo.

Ya no hay dolor en el mar de la vida,
ahora es un mármol de sales congeladas.

Nada nos queda,
nada nos salva;
nada nos vela,
nada nos guía.

Como a una rosa
deshojaron tu vientre,
hoja por hoja,
bocado a muerte.

Te rompieron la boca y la mirada,
te dejaron colgando de tristes ramas.

Ya no hay dolor
en esta tierra estéril;
ya no hay palabra
que pueda sostenerte.
Como a una hoja
desprendida en el aire...

Del libro: "Entre dos tierras". Edit. Punto Rojo, nov. 2015.  Por: Clarisa Tomás.

sábado, 6 de septiembre de 2014

PIEDRA

Imagen: "Un amour de jeunesse" (2011). Director: Mia Hansen-Løve.

Al primer amor.
"Bajo el cielo de Argel
creí ver mil mariposas
vestidas con tu sonrisa..."

Ya no despertará la mañana nuestra,
dormirá para siempre
entre limos del río
y quedará presa de la eterna corriente.

Se alejará la tarde
en su vestigio efímero
de primaveras breves,
y un sol, en su temblor,
se ocultará en en la noche
porque mi beso en ella,
se quedará dormido.

Dormir, cerrar los ojos.

Callar, sentir el miedo
del tiempo que se escapa,
de esa tierra nuestra
que ya nunca será tierra habitada.

Y cerraré la boca y acallaré mis labios
y nunca más pronunciaré tu nombre.

Porque te amé,
como el maizal en flor ama
el canto del herrerillo,
cuando arrulla en sus crines.
Te soñé, como la nave
sueña con los vientos alisios,
y extendida en mil brazos
quise alcanzar tu orilla.
Y me abracé al remolino
de tu ardiente preludio,
aventando en las velas,
salvando tempestades.

Naufragué.
Me rompí ¡tantas veces!
contra el malecón inerte,
esperando que me quisieras...
Y, entre golpe tras golpe,
me olvidé que eras piedra.

Del libro (inédito) "Entre aguas corrientes", por Clarisa Tomás.