domingo, 29 de noviembre de 2015

PÁJAROS ERRANTES

Imagen: Mural del artista Dante Horoiwa. Construcción de una escuela para promover  la educación especial para niños con trastorno del espectro autista.  Rotterdam, Netherlands, 2009. Arte Urbano.
Dante Horoiwa es un artista que habla del mundo actual, en su viaje triste y oscuro en busca del verdadero yo. La soledad es un tema predominante en su obra.

http://horoiwa.com/works/
http://www.ruafestival.org/artists/horoiwa/
Cuánta vida queda escrita
en el rostro de una calle,
en los adoquines de cualquier puente...

Réquiem por ti.

   El veintiuno de septiembre, saliendo del metro, en una ciudad a orillas de un río, encontré a un joven músico muerto sobre la acera. Permanecía sentado con la espalda apoyada en la pared y, a su lado, un viejo violín con un aspecto tan triste como él.
   Me acerqué y acaricié su pelo – fue un instinto – . Entonces descubrí a un pequeño pajarillo alegre y feliz picoteando en la palma de su mano, el resto de semillas y migajas, que él, aún sostenía en generoso gesto.
   Paralizada, asombrada, bajo el peso de una soledad vertida... Vi una lágrima que iba lentamente deslizándose por su mejilla, hizo un camino entre los pelillos de su crecida barba, hasta caer en el mismo cuenco de sus manos, que graciosas, acomodaba sobre su regazo. El pajarillo, hábil, rápido se la bebió... Sentí un escalofrío, un vuelco... Un joven desconocido acababa de morir en plena calle, y aquella, era su última lágrima... Pero nada delataba su vuelo, salvo la música, que se quedó muda esperando la sonata del viento, mientras los transeúntes pasaban sin apenas prestarle atención.
   Su imagen, parecía un cuadro nacido del pincel de algún pintor impresionista; suave color iluminado lo envolvía de poesía; poesía no legible a los ojos que pasan sin detenerse.

   Me quedé sin respiración, nunca había visto una muerte tan bella. El pelo le brillaba al escaso y tenue sol de aquel atardecer, y pude admitir, que aquel joven ya inerte, podría confundirse con un ingenioso graffiti, de esos tan bellos y vivos que a veces se ven en las calles de Rotterdam...

   No podía dejar de contemplarlo, tenía los ojos alzados mirando hacia algún trozo de cielo, que yo no pude ver..., mientras aquel pajarillo apuraba las últimas migajas que quedaban en sus manos...
   Perdí la noción de cuánto tiempo estuve arrodillada frente a él, mirando su ternura... Hasta, que, comenzó a llover..., y, la sirena de un coche policía rompió el misterio. El avecilla voló asustada y yo, me fui hacia el puente, en dirección a mi casa, envuelta en el bullicio estridente de las calles y calada hasta el alma...
   Su imagen no podré olvidar en mucho tiempo, quizás nunca.

   Curiosamente, hay dos pajarillos que vienen algunas mañanas hasta mi ventana y cantan sobre el alféizar, después, elevan sus alas y se pierden a lo lejos... Yo, por si volvieran, les dejo un cuenco con semillas y migajas de pan...
   Ahora, la cita en la mañana ya es costumbre. ¡Desayuno con pajarillos!. Vestida con mi mejor sonrisa, cada día, me planto detrás del ventanal, tomo café y croissants mirando a los cristales.
   Y..., no sé porqué razón, me parece que cantan para mí, que vienen a dejarme su alegría...

Ayer murió un pajarillo errante...
Lo encontré en la esquina del viejo jardín,
entre las hortensias y el jazmín de oriente.
Lo cogí entre mis manos
y acaricié sus plumas frías,
amparé su temblor.
Lo enterré bajo la almohada
de una rosa blanca, al lado de los lirios
que mecen el canto de la vida...
En ella te quedarás dormido,
en la estación sin relojes.
En ella, que guarda el secreto de los aromas
que nunca despertaron,
en el lugar común de los desarraigados,
junto a otros alados sin nombres
que cayeron aquí.
Un cisne flamante
pasó a ras del suelo,
enarboló su ala y le dejó un:
¡Adiós, adiós!.
El cielo, en un instante,
se conmovió entre truenos,
abrió y cerró los ojos:
lloró, lloró.

Del libro (inédito) : Los puentes desatendidos por, Clarisa Tomás.

viernes, 6 de noviembre de 2015

CAER...

Pintura del artista Ernest Descals.
http://ernestdescals.blogspot.com.es/

En Magdeburg, sobre el fluvial...

Después de aquel día, los puentes,
dejaron de hablarme,
pero aún me dejan palabras
escapadas por entre sus rendijas.
Y hay veces que me dejan chaquetas
olvidadas, bolsillos rotos,
notas escritas en simples servilletas.


Tú nunca me llegaste, Vida.
Por más que te esperé y abrí los ojos,
no encontré la dulzura que mi madre cantaba.
Y busqué en todas partes y te llamé en las noches,
y llegó la mañana y te dí por perdida”.


Nunca pensé que se podía morir
dos veces en un día.
No sé si en una vida,
la muerte se pierde en cuentas,
si resta, suma o perdona.
La impotencia abarca más de siete leguas,
y yo como otros, sin botas...


Quedarse ausente y no encontrar palabras,
cruzar tu pronombre sin saber qué persigues;
volcar los ojos y no encontrar más luces
ni adjetivos sobre el helor.
La angustia transitando por las venas,
el cerco del agua atando músculos
llenando la llaga impronunciable...

Y todo se abre en su espiral profunda, agónica
estrella que viniste a caer, humus del Elba...
Algunos, desde lejos, lo vimos sobre el puente
mirando el fluvial,
absorto sobre el fluir del agua...

Hay miradas que solas se dibujan;
hay pasos que nunca dejan ruido;
hay caídas que nadie las pronuncia...

Y vació sus brazos llenos de pesadumbre,
y se unió a los bordes
donde la vida pierde la desnudez que trajo,
su vestido de tierra.


Poema recogido en el libro (inédito) Los puentes desatendidos, por: Clarisa Tomás.