domingo, 11 de febrero de 2018

EL RUMOR DEL AGUA

Río Turija (Ucrania). Річка Турія (Україна).
"Tú lo aprenderás, pero no de mí sino del río.
Él fue mi maestro, y será el tuyo.
Todo lo sabe el río, todo lo puede enseñar, todo".
Siddharta, Hermann Hesse.


   Siguiendo los pasos del río me adentré en un pequeño remanso. De entre los juncos, una familia de gansos disfrutaba de un paseo primaveral. Conté siete polluelos que seguían a su madre ligeros con su alegre piar. Ellos también eran latidos del río.
     Pensé es su biografía. En su tiempo de vida, apenas dejando huellas en el agua. El rumbo de sus ecos en las orillas, quizás en primaveras cortas y sin conocer inviernos...

     Pensé en mi biografía y en mis pasos. Y no sé si perceptibles o también como el vago rumor del continuo pasar, mi fábula viaja en la corriente dejándose llevar en los tintineos.

     La biografía humana no se limita a lo que cada uno de nosotros relata según los recuerdos que tenga, sino que es un trabajo de “investigador”, si queremos encontrar los tesoros escondidos de la psique, olvidados y transformados por nuestras interpretaciones.
   Alguien me dijo un día, que la mejor manera de emprender esta tarea del encuentro de uno mismo, es con el alma desnuda. Así empecé mi búsqueda en un día primaveral junto al río. El agua llevaba palabras...

   Si partimos de la premisa de que todos hablamos desde la luz, comprenderse uno mismo no será atender sólo a las propias conclusiones, sino también a las conclusiones que el entorno cercano tiene de mí. Y aunque esto parezca que no me importe, he de tenerlo en cuenta. Pues lo que persigo es hacer lo más feliz posible a las personas que me importan a la vez que me procuro mi propia felicidad. Una no es en mí sin la otra.
    Quizá entonces, la biografía importa en la medida en que busquemos la sombra; es decir, aproximarme a lo que no conozco de mí misma.
   Mi verdadero arte será obtener información que me acerque esa “otra parte” de mí misma. Escucho a los amigos, a la familia cercana, a las personas significativas en mi vida, les pido palabras en las que me indiquen qué soy yo para ellos; qué significo y cómo me ven y consideran. Les pido sinceridad.

   Y entonces vuelvo a la introspección, intentando llegar a mí yo más profundo; quizá ahí descubra cómo soy en realidad, lejos de los convencionalismos y las ideas preconcebidas que me han sido impuestas (como la sociedad dispone para casi todos) desde mi tierna infancia.
   Ahí surgen las dudas: ¿cómo saber si soy capaz de pensar por mí misma? ¿Cómo crear un pensamiento autónomo?

   Sólo hay una manera: honestidad. Ser honesta con mi discurso adoptado desde la infancia. Y estar dispuesta a aceptar la realidad cuando hubo desamor, maltrato, carencias afectivas o abandono. Y nacer ahí, atribuyendo lentamente el sentido de las palabras, en sintonía con todas las sensaciones que me llegan. Escucho el batir del agua en las orillas...

   Y así he vuelto a la primera vez de todo. Y así comienzo a sanar y a ver con claridad.
   Ese era el objetivo: sanar por dentro. Comprenderme.

   Leí en alguna parte que «la curación siempre está relacionada con la ampliación de conciencia, con la apertura para formularnos preguntas fundamentales».

   Quiero pensar que lleva implícito alcanzar mayores cotas de perfección. Mejorar como persona. Así oí hablar a personas que han sufrido enfermedades, de las cuales han salido fortalecidos no sólo en la carne, sino en su ser más íntimo. Personas que han logrado a través del sufrimiento un conocimiento propio que les ha llevado a sentir y ver los especiales que eran y lo especial de otros. Una cierta conexión cósmica inexplicable pero sí esperanzadora.

   Recuerdo que mi padre tenía una opinión al respecto y me decía que: «alguna vez comprenderemos que somos una totalidad, un flujo de agua, un holograma, una unidad... y como tales, sanaremos o enfermaremos según nuestra necesidad».
   Y es posible que esos momentos sean los que nos propicien nuestro encuentro con nosotros mismos. Un detenerse para observar nuestro propio rumor, el que llevamos dentro...

   Hace un tiempo me detuve en una orilla, quería oír el rumor del agua. Saber quién era yo lejos del sobrecogedor mundo de las “necesidades”. Me paré para aprender a “elegir” lo que realmente necesitaba. Quise ser yo la que eligiera cosas, objetos, mundos, siempre ansiosos por pertenecer. Y dejar de ser selección de banalidades por algo renovador. Supuse que ese inicio en cosas más sabias debía buscarlo en el agua. Y me acerqué a este río y vacié en él todas mis palabras...

   Fue así que inicié mi “tiempo nuevo” en el simple contemplar para aprender a ver. Quizá imbuida de pensamientos de agua comencé a narrarme de nuevo. Y recordé al bello Siddhartha en su viaje hasta el río... Y recordé su mensaje de la unidad que subyace en todo lo existente. Y aprendí a sentir el rumor del agua... Y ahora escribo su rumoreo.

El espíritu de la montaña
bajó al valle,
contempló el canto
amable del río.
Y entonces
vio la fragilidad de la belleza
en su diáspora,
sutil en los fragores de la corriente.
Y entonces
unió orillas con orillas,
alzó alas y árboles
y contuvo el aliento.
Porque el viaje es un pálpito
continuo de corazones enlazados;
porque todo es agua
en su batir,
desde el mismo nacimiento
en cúspide o raíz,
y en ella se pronuncia.


Escrito por Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

  Gracias, lector.

10 comentarios:

  1. El rumor del agua o el murmullo de la conciencia pidiendo atención, si, querida Clarisa, se me ocurre razonar así, después de haber leído tu texto, excelente, por cierto, y rematado con una poesía que lo complementa bellamente y nos lleva a la reflexión ¿quién soy yo? En realidad, el mundo materialista en el que nos ha tocado vivir, nos ha ido desviando a ver solo los espejismos con los que nos distrae de lo central, que, para mi, es el conocerse uno así mismo. Quizá nos es más fácil conocer a otros pero no sabemos nada de nosotros mismos. El río, en la bella metáfora de Hermann Hesse, es la vida que fluye, que nos intenta conectar con nuestro yo interior para descubrirnos tan libres como el agua del río que fluye imparable y siempre nueva, nunca la misma. Así, somos nosotros, nos renovamos cada día, no somos los mismos y sin embargo somos, cada célula que muere nos da paso a una nueva y seguimos...pero no somos conscientes de esos cambios y menos de quienes somos. Descubrir nuestro propio yo es, a mi juicio, la base para conocer mejor a nuestros semejantes. ¿Cómo amar a otra persona si no nos amamos a nosotros mismos y cómo nos amamos sino somos conscientes de quiénes somos?
    Cuántas veces hemos caído en la incertidumbre de sentirnos como seres extraños caminando por la vida, vacíos, incapaces de darnos una respuesta precisa acerca de nosotros mismos y, entonces, nos invade una profunda desazón y decimos que estamos deprimidos. Alguna vez, el gran Facundo Cabral, que en paz descanse, decía más o menos así, "no estás deprimido, estás distraído de las cosas bellas que te rodean..." y yo agregaría algo más, estás distraído y no escuchas a tu yo interior.
    Bueno, mi admirada amiga, como siempre es un lujo leerte.
    Te dejo un fuerte abrazo y un beso.

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    1. Estimado Gustavo, es todo un honor para mí tenerte como un lector asiduo en esta orilla. Me lees bien, comprendes mis palabras y cuanto expreso. Y tú los has dicho, para entender a otro, primero hemos de entender al que calza en nuestros zapatos. Si uno no se ama así mismo, difícilmente puede amar con satisfacción a otros.
      Siempre agradecida de que me leas. Siempre agradecida de tu entendimiento y aprecio.
      Un cariñoso abrazo, Gustavo.

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  2. Buenas tardes, Clarisa:
    Tu luz convirtió la penumbra de este desconocido en sombra, unida a ti por la admiración hacia tu personaje de escritora y admiración hacia tu persona.
    Ahora, desde mi orilla fluye una corriente que converge en un caudal común, donde nos encontramos y fluimos: una veces en direcciones comunes, otras en dispares. Pero el breve contacto nos oxigena para mantener nuestro curso renovados y animados.
    Tu introspección es fértil en ideas sentidas que transmiten optimismo en una vida sin temor a la muerte. Somos agua, de alguna manera siempre seguiremos vivos. Nuestras gotas bañaran otras pieles, nuestra unión saciará otras sedes. La mar no es el morir, es el cambio.
    Un abrazo despejado de sombras, Clarisa.
    Lo mejor.

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    1. Buenos días, Nino.
      Es el nuestro un continuo encuentro entre letras, en el que cada vez más nos acercamos y nos vamos comprendiendo. Es cierto que la admiración crece mutua. Cuando te leo siempre hay alguna corriente que revela lo provechoso de leerte.
      Tu indagas a tu modo y yo al mío, pero los dos perseguimos el mismo fin de ser palabras amables significativas para otros, ser con ellas, también en otros.
      Gracias por tu aportación de palabras generosas y vivaces; limpias, sanas y siempre prometedoras a esta orilla literaria.
      Un cálido abrazo, Nino. ¡Salud!

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  3. Todos los ríos hablan, los mitológicos, los reales, las canciones sobre ríos que hablan, hasta los ríos pintados o dibujados.
    Solo hay que saber escucharlos

    Beso!

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    1. Así es Frodo, el agua habla, canta..., para quien la quiera oír.
      Agradable tenerte por aquí. Esta orilla se alegra...
      Abrazos.

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  4. En la bibliografía de Herman Hesse, creo que El lobo estepario y Sidartha, descuellan, porque son textos que se contraponen. El uno, con un personaje que desdeña la vida,Haller, y el otro transido de reconocimiento a la vida, a la sabiduría, en Siddhartha, personaje que revela el respeto del novelista alemán por la cultura hindú.
    Yendo, a tu post, apreciada Clarissa, no dudó que has sacado de ambos libros,enseñas, que has puestos en el mundo real, para cotejar la vida, y quedarte con el personaje que es capaz de ver mundo de manera integral, plural, somos los humanos también el río, la montaña, el mar.Pues no hay que olvidar que venimos de un caldo cósmico -que ajusta en sus fluídos el bíos- donde se cocinaron los coacervados.Por eso siento que tu " Y así he vuelto a la primera vez de todo. Y así comienzo a sanar y a ver con claridad." Es recuperar la naturalidad de la vida, que hoy estamos rompiendo, al hacer pedazos los bosques con la tala industrializada, y la vida misma, porque son ellos el agua y el oxigeno. Y tienes razón, volver a ellos es sanarnos, es reencontrar eso que se nos había perdido, la felicidad silvestre, como en tus versos, por eso
    "unió orillas con orillas,
    alzó alas y árboles
    y contuvo el aliento."

    Qué gran placer leerte. UN abrazo desde mi cubil colombiano. Carlos

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    1. Querido Carlos, como el gran escritor que eres y tu acervo literario lo demuestra, sabes entrar en otras almas y lees en sus singladuras, y descubres y comprendes.
      Siempre comprendes mis humildes palabras y te haces cómplice de ellas. En las tuyas veo sabias lecciones de vida, estimado escritor.
      Y sí, somos parte del Natural que nos rodea. Y de algún modo elegimos o sólo fuimos destinados a ser con la naturaleza. Y es algo que no debemos ni eludir, ni prescindir, porque sólo nos aporta vida, claridad.
      El placer es mío, estimado Carlos. Eres un ser un mano muy valioso.
      Abrazos.

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  5. Enhorabuena, Clarisa; la vida es un camino donde cada cierto tiempo nos vamos encontrando a nosotros mismos, y siempre esperamos que el próximo encuentro sea el mejor. Hay tiempos de caminar, y tiempos de encontrarse.Me alegro por ti.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Pilar. También me alegra tu atenta lectura y tus palabras.
      Siempre, desde que conocí tu blog, me gusta leerte. Tus ensayos, reflexiones, reseñas. Todo cuanto creas en tus propios libros es admirable. Siempre aprendo de tu buen hacer.
      Un cálido abrazo.
      Dejo aquí el enlace a tu último post escrito en la revista literaria Las nueve musas, por si alguien tiene interés.

      http://pilaralberdi.blogspot.com.es/2018/02/el-grado-cero-de-la-cultura.html

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