domingo, 10 de junio de 2018

HIJA DE LA MUJER MAÍZ





   Yo, hija de Humita, de la gran lengua muskogi, agazapada entre el maíz estoy. No hago ruido. No levanto la cabeza. Sólo espero a que muera este día.
   Una lombriz se columpia en una brizna de hierba, delante justo de mi nariz y, por un instante, sonrío. Recuerdo la risa cálida de mi madre, ¡Mujer Maíz! La lombriz desaparece bajo tierra. Mi pequeña sonrisa también.
   Me arrastro. Me tumbo cerca de un hormiguero. Observo el incesante ir y venir de las hormigas, con sus cestas repletas de semillas a la espalda. Se apelotonan en la entrada, dispuestas a llevar su cargamento a través de los pasadizos profundos hasta los graneros de invierno. Son guerreras enanas, diminutas como yo.

   Respiro. Exhalo el aire herido. Suspiro... Revolotean sobre mi cabeza dos abejas en busca de miel. Sacudo mi pelo polvoriento, se alejan con un zumbido. Se posan sobre una mazorca a punto de abrir. La mazorca tiembla. Alzo mi mano y la desnudo. Sus granos dulces se duermen en mi boca, callan mi hambre.
   El calor sube hasta mis ojos. Tengo sed. Tengo miedo a que me aprese de nuevo el hombre pólvora. Y de nuevo me arrastre furioso con sus manos resecas de sangre por el patio de arcilla, y reviente en mi vientre su fuego. Tengo miedo de los ojos rojos de los hombres blancos.
   Ellos nos han traído nuevas guerras. Guerras imposibles de ganar. Muchos de los míos han muerto sin saber contra cual enemigo. No puedo saber cuántos. Ahora todos somos esclavos.

   Hace tres días que me escondo. Hace tres días que mi madre cayó al barro, atravesada por un arma pólvora. De su pecho brotó sangre, con su última mirada me indicó que huyera. Salí corriendo...
  Después, los españoles, hicieron un gran fuego y la quemaron junto a otros que no colaboraron en contra de los ingleses. ¿Qué podía saber ella? Españoles, ingleses, ¿franceses? Todos parecen iguales. Todos nos dicen “amigos, amigos”. Todos nos hablan del Dios blanco y aseguran que es más dios que el nuestro. Nosotros, en cambio, pensamos que su Dios y el nuestro deben ser hermanos; porque igual crearon la tierra lejana del Gran Gálvez, que nuestra Tierra dorada. Ellos quieren nuestra tierra dorada y verde. Todos los hombres blancos hablan palabras para la paz con amenazas. Nosotros sólo escuchamos muerte.

   “Mejor vivir con el Señor Gálvez que vivir con los ingleses” —Nos decían los españoles—. Y el Gran Gálvez se quitaba sus ropajes y enseñaba sus heridas de guerra. Y nos decía que estaba vivo gracias a su dios blanco. ¿Acaso su Dios joven es más fuerte que nuestro Hisagitaimisi viejo? ¡Qué sabrán ellos de la creación de nuestra tierra! ¡Qué sabrán ellos de esta tierra Florida! Ellos acaban de llegar. Nosotros estamos aquí desde siempre.

   Me tumbo boca arriba y escucho el murmullo del viento. Lo oigo jadear, pasa asfixiado. Corre. Levanta una gran polvareda. El día comienza a morir.

   Huele a guerra por las cuatro esquinas. Arde el maíz. Las mazorcas revientan y el cielo se cubre de negro. Las aves se levantan en estampida, se apresuran al vuelo. Se alejan.
Pero yo no soy pájaro. Yo, quieta.

Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.






9 comentarios:

  1. Buenas tardes, Clarisa:
    Admiro la habilidad que tienes para entonar varias voces sin que ello haga que silencies la tuya.
    En este texto recurres a una voz narrativa en primera persona, que despliega una descripción dramática.
    El horror convive con la ingenuidad a lo largo de este monólogo interior de la hija de Humita. Encuentro difícil hilvanar lo tremendo y lo hermoso usando una única perspectiva, compartiendo párrafo. Tú lo haces sin recurrir a ninguna ruptura semántica: el vocabulario es el mismo, hables de la luz o de la sombra.
    El resultado es que logras ponernos la piel de gallina, esa misma piel con la que nos sentimos hijos de Humita.
    Toda mi admiración, Clarisa.
    Un gran abrazo, compañera.

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    1. Gracias, Nino. Eres mi mejor lector...
      Feliz día, amigo.
      Abrazos.

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  2. me gusta como escribes intenso grande fuerte

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  3. Belleza y mucha tristeza...Siempre un placer leerte amiga Clarisa. Un abrazo.

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    1. Gracias, Eric.
      El placer es mutuo, estimado amigo.
      Un cariñoso abrazo.

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  4. Buen relato desde los ojos de una niña de otro continente al tuyo y de otra época.
    Cuando se enseña la historia clásica de América (del Continente Americano) se la enseña con ojos europeos, pero hay otra historia y es esa. Por suerte ese paradigma está cambiando.. de a poco

    Beso!

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    1. Gracias, Frodo. Sí está basado en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, donde España tuvo un cierto papel importante al final de la misma, para echar a los ingleses. Lo que ocurrió con los amerindios como los seminola y demás, ya es bien sabido.
      Gracias por acercarte y leer.
      Un abrazo.

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  5. Boa tarde, Clarisa! sua escrita fascina-me pela qualidade e pela realidade que revela,"Todos os homens brancos falam palavras pela paz com ameaças. Nós só ouvimos a morte." o homem branco actual continua a falar na paz com lágrimas de crocodilo, a seguir, fomenta a guerra sem se preocupar com as vitimas inocentes, causadas pela mesma.
    Continuação de feliz semana,
    AG

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