domingo, 6 de enero de 2019

LAS SIETE LETRAS DE TU NOMBRE

"Niños cogiendo estrellas" (1999).
Pintura de Rosa María Maldonado Guerrero,
pintora autodidacta nacida en Granada.

Cada vida es una navidad.
Celebremos la vida...




Las siete letras de tu nombre

   Aquella navidad fue diferente: unos padres ya no tenían a su hija. La niña tenía seis años, seis meses y un día cuando voló con el rayo de la mañana.
   En la calle, un perro huérfano callejeaba buscando un hogar. La madre lo vio por la ventana, bajó y le abrió el portal. Mientras el perrito comía y se calentaba, ella escribía y le contaba la historia de Rosalie...

   «Ayer, bajo un tenue sol de diciembre, dejé ir a Rosalie. Ella llevaba el vestido azul con florecillas de agua marina y rosa, que su padre le regaló al cumplir los séis años. Mi pequeña familia, cuatro amigos y algunos vecinos lloraron junto a mí, mientras hice volar sus cenizas sobre el mar. Un poco alejado, detrás, al pie del viejo tejo de la colina, él, también lloró. Sentí su dolor de padre, culpándose por haber permitido que la distancia, el trabajo importante y tantas cosas prescindibles, lo apartaran de ella y de mí. Sentí sus lágrimas, su dolor como el mío, atragantado en la garganta. Y aún así, no pude mirarlo, ni permití que me diera un abrazo. ¿Abrazos?... Se rompieron hace tiempo y no sé en qué parte del camino nuestro amor ideal dejó de latir... Después tuve remordimientos porque sé que ella lo amaba tanto... Nos hemos regalado abrazos toda la noche, su padre y yo, porque era “nochebuena” y queríamos que ella durmiera feliz.

  Hoy me levanté temprano y he venido a vivir a tu cuarto. Sobre tu cama pequeña, sin tu risa, pero llena aún de ti, mientras suena un villancico que habla de nacimientos y noches felices, escribo para no morir de pena...Te escribo poemas y renacerás en letras —me digo—. Leí en alguna parte que, tiene sentido reír, cuando el corazón está alegre. Sino es así, lo mejor es dejarse llevar y llorar hasta el desborde. Hasta inundar el mar y rebasar todas las corrientes... La alegría se alejó de mí cuando te pusiste enferma... Algo ocurrió, ¿quizá fuiste tú, pequeña, que lo enviaste como un regalo?... Pero por aquí hay un perrito que mueve la cola y juega con tu osito azul. Te gustaría, lo sé, porque tiene esa dulzura de los que saben dar amor y enamoran con su mirada. Hoy es Navidad, un nuevo día que quiero celebrar..., celebrarte.

   Celebro las siete letras de tu nombre. Las escribo de todas las formas que a ti te gustaban. Les hago rizos, bucles, diademas con tiernas guirnaldas de florecillas... Les pinto confetis, mil globos dorados como tu pelo... Hago barquitos con ellas... Llega una gran ola y me hunde con todos los cuentos que te leí. Ellos y yo bajamos al mar, buscamos a Nemo... Una sirenita me ayuda, consigo subir a tu “R”, salto a la “O”; me agarro a tu “S”; me resbalo junto al “Mago de Oz” y “Cenicienta”... En un alarde de fuerza, tu “A” me sujeta, mientras “El reno Rudolph” se pega a mi nariz; tu bella “L” me abraza con su ángulo recto y yo tambaleo, me agarro a “La rosa de Navidad” y tiemblo y tiembla... Me salva tu “I” inocente, pero en mi desmayo solo veo estrellas de mar... “El pequeño colibrí” canta y canta... «¡Rosalie!» «¡Rosalie!». Y entonces tu “E”, intrépida, me atrapa, me impulsa tu aliento valiente y, respiro... Vuelvo a navegar sobre una “Cajita de besos”, igual que tus besos...

   Celebro tu nacimiento, tus casi siete navidades. Fue un día dorado de junio, en la ventana brillaba el sol y las veintisiete magnolias radiantes que tu padre nos regaló: una por cada hora que él estuvo esperando...
   Celebro el abrir de tus ojos, tu mamar de mi pecho con tu boca de fresa... Tu dormir angelical, porque fuiste un ángel desde el nacer. ¡El más bello cuento de Navidad!
   Celebro tu primer cumpleaños. Ya casi andabas y decías incipientes poemas: "ta, tá; la, lá". Tus pequeños cantos que me iluminaban, porque así eras tú, una pequeña iluminadora. Y fue ese día, el día de tu primera palabra, después de cantarte “cumpleaños feliz” y de todos los globos que solté para ti, que dijiste alto y claro: «¡papá!». Y entonces morí y nací a la vez de alegría, porque él no estaba allí; porque tu primera palabra no fui yo...
   Celebro tu vida en mis brazos y los días que juntas lloramos y reímos sobre el plato de sopa; y en el jardín de los patitos feos, junto al barco pirata y la gran ballena azul, tus manos alzadas buscando mi cara... Tu primer día de colegio y los siguientes de hospital en hospital...
   Celebro el día que juntas pintamos en las paredes de tu habitación, el mar con sus barquitos y niños felices jugando a marineros... Y cuánto te gustaba cantar y remar...
«El marinero baila,
baila, baila, baila.
El marinero baila con el dedo,
con el dedo, dedo, dedo,
así baila el marinero».
   Celebro la paz que trajiste a mi vida. Tu dulce dormir haciendo caracolillos con mi pelo.
«Estrellita dónde estás,
quiero verte titilar
en el cielo y sobre el mar
un diamante de verdad.
Estrellita dónde estás,
me pregunto qué serás».
   Celebro tu llegada a mi mundo para hacerme sentir la inmensidad de la vida. Para salvarme del frío y abrigarme con canciones de estrellas y mar. Celebro las siete letras de tu Navidad.»


Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Gracias, lectores.


2 comentarios:

  1. Buenos días, Clarisa:
    De nuevo me haces sentir emocionado y admirado.
    El tuyo es todo un regalo inspirador para este proyecto de persono y aprendiz de escritor.
    Tu nombre también tiene siete letras, vivas y que hacen sentir vida como ocurre con todas las letras cuando se acercan a ti, Clarisa.
    Un abrazo agradecido y esperanzado, compañera.

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    1. Hola, Nino. Gracias por tu amable lectura y palabras. Celebro que te gustara (parece que fuiste el único, je, je). Bueno, supongo que no siempre gusta lo que se escribe.
      A ver si el 2019 nos llega con un "golpe de suerte" y volvemos locos a los lectores.
      Saludos, Nino.Bonne chance pour toi, mon ami...

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