viernes, 25 de noviembre de 2016

MI TULIPERO DE GABÓN


Si escuchamos bien, quizá todo es música,
música desmedida en la Naturaleza,
por tanta infinitud de sentimientos
vertidos sobre ella...

Cuando yo tenía diez años,
mi padre volvió de África,
a toda la familia le trajo
regalos especiales. Él decía, que:
«cada persona, según su singularidad,
tiene un regalo que le está destinado».
A mi hermano mayor,
le trajo una máscara tallada en madera
con grandes ojos y prominente cabeza.
A mi hermano menor,
le obsequió con un bougarabou
y unas sonajas de semillas.
A mi madre, le trajo telas coloridas
y unos pendientes tribales
color terracota y maíz.
A mí me regaló un árbol,
un incipiente tulipero de Gabón.
Yo me quedé tiesa,
pero al rato le pregunté:
– ¿Por qué a todos les has traído
cosas muertas,
y a mí me trajiste algo vivo?
Mi padre sonrió,
y graciosamente, dijo:
– ¡a ti no puedo engañarte!

El día que planté mi tulipero,
lloré y reí al mismo tiempo,
¡no sabía que los árboles
tenían los pies tan blancos!
Ni tantas canciones en su piel...
Él sonrojó mi niñez y adolescencia
con sus flores carmesí en llamas;
en las tardes de alondras revolucionarias,
sus ramas subían a mi pecho
y me llenaban de música y de claves,
compartimos secretos extraordinarios,
también el llanto de las noches...
En los días de mi juventud,
me escondí tras su tronco
y encontré besos
con sabor a manzanas,
él fue el único que vio mi corazón desnudo...

Ahora que estoy lejos de su altura
y los años nos han dado:
a él, excelencia y mesura;
y a mi, lejanía desorbitada.
Vuelvo a sus proezas
y me prendo en sus sueños,
recojo los destellos
que cayeron de sus floraciones...
Sé que él canta como siempre cantaba...
Le escucho en los timbales
y en la ráfaga viva,
deshojando su voz como héroe inadvertido.
Ahora que hace tiempo vive solo
en el huerto del ayer cercado,
desde mi elipse le canto baladas:
In times of peace...Times of war...
The sky remains the same
you reach for the stars too far away...
¡Amamos la vida!

Rememoro las vivencias, hoja a hoja,
cuando él era ternura y yo mejilla,
y amábamos la vida canto a canto...
Le escribo aferrada a la nostalgia:
¡corteza de mi vida, oh corteza!
Ramas cantoras inolvidables,
volveremos a vernos al caer
el argentado eco de las cumbres
sobre nuestras cenizas...

Del libro (inédito) "Memoria refugiada" escrito por: Clarisa T.




Gracias a todos.

10 comentarios:

  1. Olá Clarissa.
    Uma bela história, a que contém este belíssimo poema. Nos seu últimos versos, o poema é encerrado com maestria, quando lemos alguns de seus versos:

    "Le escribo aferrada a la nostalgia:
    ¡corteza de mi vida, oh corteza!
    Ramas cantoras inolvidables,
    volveremos a vernos al caer
    el argentado eco de las cumbres
    sobre nuestras cenizas…"


    Felizes são aquelas pessoas que guardam em sua memória passagens boas para um dia poder delas lembrar-se. Parabéns.
    Um ótimo final de semana.
    Abraços.
    Pedro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos, pedro.
      Gracias por tantas muestras y atenciones hace lo que escribo. Lo mejor también para ti. Abraços.

      Eliminar
  2. Buenas tardes, Clarisa:
    Admito cómo tus añoranzas carecen de la tristeza que las convertiría en melancolía.
    Te leo y siento la emoción de la infancia ante un regalo (para tu personaje lo fue un árbol, para mí lo son tus palabras); te leo y siento el ímpetu de la adolescencia (donde tu personaje desnudó su corazón, su visto mi ánimo)
    Leerte es una de esas cosas sencillas que me hacen amar una vida sentida.
    Gracias, Clarisa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Será que las cosas sencillas de la infancia y la adolescencia, son las más hermosas, lejos de tantos condicionantes, como nos ocurre cuando nos hacemos mayores. Quiero pensar, que esa parte de mí, quizá la más auténtica, es la que permanecerá siempre, para no olvidarme de todo lo bueno que tuve...
      Un abrazo, mi amigo escritor. Siempre al vaivén de la vida en su apogeo, y que no descienda... Salud!

      Eliminar
  3. Hoy he sabido de su dedicación profesional a la enseñanza, que desconocía y que ahora me hace comprender mejor la sensibilidad y ternura que caracterizan su palabra escrita. Cerca las fiestas navideñas y el cierre temporal de los colegios, le ruego me permita reproducir aquí un poema que hace tiempo escribí y dediqué a una profesora de infantil -esposa de un artista autor de un bello blog sobre Pintura y Escultura que colaboró desinteresadamente en hacer justicia a un pintor que ya no podia defenderse-, porque creo encontrará nuevo eco aquí:

    LA CLASE
    Se han marchado todos
    y me he quedado solo.
    El aula está dormida,
    cansada de alborotos.
    Ya no hay libros en las mesas
    y el murmullo se ha vuelto silencio.
    Los signos que la tiza a la pizarra
    regaló hace un momento,
    no tienen importancia ahora,
    son signos muertos.
    Un lápiz olvidado en el pupitre
    será testigo sordo entre las sombras
    de ese canto sublime a la esperanza
    que en las noches vacías de los colegios
    las propias paredes claman.

    (En deuda con Ud., reciba mi más atenta consideración y felicitación en estas Navidades).
    gonzalo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Gonzalo: en primer lugar, gracias por su generoso gesto hacia mí y mis humildes escrituras. Gracias, porque me demuestra que es un ser con un gran corazón y compresión hacia sus semejantes.
      También quiero decirle que su trabajo sobre "Pintura malagueña del siglo XIX" es excelente por todo lo que aporta, como profana que soy en esa materia, he de decir que lo valoro y acudo a sus enseñanzas cuanto me surge alguna duda al respecto.
      Desde que tengo la suerte de contar con su complicidad a través de sus comentarios y ánimo en este espacio que propongo (que no es sólo mío, sino de aquellos que me leen), creo que he crecido como persona, pues es lo que recibo: un toque de humanidad.
      Y en verdad, la que está en deuda, soy yo. Con usted, y como digo, todos los que se acercan a esta orilla, que sólo pretende ser literaria, y dejar un latido, una simple presencia.
      En cuanto a su excelente poema, le diré que ya el hecho que originó su creación (para esa compañera profesora de infantil), es un hermoso detalle que denota los sentimientos excepcionales que lleva dentro. ¡Un regalo!
      El poema me parece un canto hermoso. ¿Cuántos sentimientos guardan los lugares donde habitamos? Los puentes donde cruzamos, la casa donde crecimos, la clase donde aprendimos... Y eso es su poema, lo que queda, en un lírico sentimiento.
      Espero que siga escribiendo, y ponga en palabras cuánto le sugieran sus musas, que tal y como observo, siempre va usted en buena compañía.
      Felices fiestas, también para usted y los suyos. (Y para su última nieta nacida, que ya debe estar queriendo andar).
      Saludos.


      Eliminar
  4. Buenas tardes Clarisa,

    Nino habla tan bien de tus letras que no he podido resistirme a venir aquí y palpar tu sentir.

    Sentirme así parte de la Copa que ahora contempla lo que antes ante nuestros ojos se veía minúsculo. Recordar en cada centímetro sensaciones que dejamos impregnadas en ese sitio... Incluso cuando nos alejamos , porque siempre él va contigo, conmigo...
    Todos lo tenemos y se hace ovillo el día a día pero crece robusto y se hace luz ...En los decisivos. En ese momento, da alivio.

    Mi abrazo de luz

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu confianza, Athenea. También pasé por tu hermosa isla y me hice seguidora. Me gusta lo que transmites en tu espacio. (Y sí, Nino Ortea es un ser muy especial, yo le debo mucho). Gracias por este encuentro literario, nos leemos.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Todos hemos tenido un árbol de nostalgia. De joven, fui el rey del naranjo de mi casa. Después me gustaron los caracolíes de mi pueblo. Qué sombra daban, y cuán fresco era hacer el amor bajo su dosel. Cu´panto me hace nostalgiar tu poema.
    Un abrazo. Carlos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encanta que también tengas amigos árboles, su hermosura, como bien dices, sólo puede apreciarse cuando tiendes tu cuerpo bajo sus ramas...
      Saludos, Carlos.

      Eliminar