Y quizá lo que espero
aún no tenga forma...
en un día de invierno interior.
Echo de menos el sol de mi tierra ancestral,
la melodía de sus cielos vibrantes de aves.
mis brazos ya no pueden abrazarla...
en un día de corazón calado,
y yo me hallo en los confines del mundo...
El batir de una rama en mi ventana
me trae ingenuas voces recientes.
¿Me perdonarán los niños
a los que no pude salvar?
por mis venas, cierro los ojos...
Se alejan los aromas guardados,
temo no volver al lugar
donde mi padre me enseñó a sonreír...
pondré mis manos
alrededor de la taza de té
y me arrullaré con sorbos de nostalgia,
aunque no es buena idea...
En la calle, abrasada de incertidumbre,
los perros ladran al eco de las ruinas.
y la nieve cayendo sobre mí,
traspasa mi corazón desacostumbrado
al desconsuelo...
No sé cómo afrontar tanta derrota,
intento no caerme de mi piel quebradiza...
con patas de gato sin refugio,
se escabulle entre las nubes negras.
Esta noche todo arde despacio
como si las huellas del día
no quisieran morir.
Mi coraje, sin embargo, avanza
deprisa hacia su ¿rendición?..
«Hay muchas formas de coraje,
pero rendirse no es una opción».
en el que la paz sea el camino?
y nada recuerden del terror al despertar...
Ojalá la dulzura duerma en sus pequeñas manos
esperanzada en nuevos soles...
¡Oh, Dios!: ¿Es cierto que la tierra
no echa de menos
a los niños perdidos en las guerras?
Sólo la ciudad natal de los álamos
llora la pérdida del mundo...
como un poema hecho de espinas,
como el fular castigado en el torbellino...
¿Cuándo llegará la estación que espero?
«Llegará, llegará». ―dicen los vendajes de mi alma―.
Lavará su cara y vendrá
como un domingo de primavera
que ya nunca se alejará de mí...
Quizás ya estoy en la mañana