sábado, 24 de junio de 2017

NOCHE

Vincent Van Gogh. "Noche estrellada sobre el Ródano", 1888. 
Musée d'Orsay, París.

Yo no sé dónde acabo;
tú, comienzas.
Los astros se desnudan
en tu estera.
La huella del amor
voló lejana,
como vuela el recuerdo que se ama.
Yo no sé dónde quedo;
tú, te escapas.
La brisa se apresura en el sendero...
Desde la tierra virgen
hasta el arco celeste,
pululan los temores y los miedos.
La raíz del deseo, desaparece...
Yo no sé dónde empiezo,
dónde invento.
Tú, declinas y mueres,
te haces onda en los mares,
en las montañas, ecos.
Yo no sé dónde duermo,
si he dormido en los brazos que añoro
a la intemperie.
Tú, despiertas.
Mi sueño con el tuyo se hizo alondra
bañada de azahares.
Ya vuela al refugio
de otras noches.


Poema escrito por Clarisa Tomás. © All Rights Reserved. 

Gracias, lectores.
¡Feliz estación! 

miércoles, 7 de junio de 2017

DIATRIBA DE VERSOS NUBILOSOS

Paisaje al atardecer de Україна (Ucrania- Ukraína).

«Que nadie olvide esta noche.
Hoy tocaré la flauta
en mi propia columna vertebral».
Mayakovsky.

Me reedito en la tarde
como un rumor de súplicas nubilosas.
Estoy intensa, pletórica
de islas insondables.
La tarde pasará, igual que otras
pasaron con su trémula distancia.
El tiempo está colgando de sus garfios,
no pienso derramar mis ilusiones...

Recupero un trozo de latido,
caído de algún alma que ya no puede más.
Sobre cornisas áureas
cimbrean versos de Mayakovsky,
se ondulan al compás
de flores de lavanda y girasoles.
¿Qué recuerdo mío quedará sin huella?
El viento trae sonajas y tambores...

¿Qué tronar íntimo se aleja y no vuelve?
Quizá el poema se esconde
donde no pueda verlo desaparecer...
Quizá también yo estoy por el miedo aterida
y rasgo las vocales sobre mi piel de trizas.
Amor, ¡no te idealices!
Que sobre este corazón no cabe más desgracia.
Me pregunto : ¿qué habrá después
de este rumor de tarde transitoria?
Por si acaso mañana no pudiera contarlo,
vuelco mi voz con todo su ideario
para dejar mi boca sin palabras...

Ayer cumplí años ¡bendita sea mi vida!
Aún puedo esgrimir letras en mi arista,
mis propios sentimientos esqueléticos
que giran, giran y giran...
Yo tenía alegrías guardadas para el brindis,
mi copa y yo, exultantes,
esperamos tranquilas:
despertamos vacías.

Amada Libertad, ¡qué pronto te fuiste!
Te oí al alejarte, como lluvia sobre tejados de zinc,
el perro del vecino ladraba a tu paso.
También oí el tren de las ocho y cuarto.
Quiero gritarle al mundo:
«Oíd, hombres.
Salid de las trincheras,
más tarde acabaréis la guerra». (1)

Punto y aparte.
Me reedito en la tarde como antigua epopeya
clamorosa, traslúcida en renglones,
impregnada de prosapia en tintes nuevos.
Quiero abrir los siglos enrejados,
los candados fósiles
con todos los vocablos cerrados a la luz.
Ojalá el trigal desparrame su dorado
de este a oeste, y en él te encuentres tú:
¡Verso caucásico!

Ojalá vuelva el manto cándido y armónico
a cubrir la tristeza en desamparo.
¡Las noches en el límite son terribles!
Lo saben las estrellas y los incomprendidos...
Azur, ¡vuelve a mirarme!
Llena de turquesa este preámbulo
y canta, y canta cuanto quieras.
Porque esta tarde siento que el aire me revive,
remueve mis lugares trasnochados
con su flauta en mis vertebras.


Poema escrito por Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved


Gracias, lectores.
Sin vuestras lecturas y comentarios, esta orilla estaría desierta hace tiempo. 

(1). Estos tres versos (licencia a propósito), están tomados del poema de Mayakovsky titulado: " La flauta de las vertebras" (dedicado a Lilí Brik). Un pequeño homenaje al poeta ruso, desde mi humilde forma de componer versos, también incomprendida (supongo). Todos sabéis que la poesía padece de ese mal común desde el este al oeste. 
Pero la poesía habita en todas partes, sorprendiendo...

viernes, 5 de mayo de 2017

SIETE VECES MI CASA

Imagen: "Dolor". Pintura de Wifredo Lam. Pintor vanguardista cubano (1902-1982).
Premio Internacional Guggenheim.

Álzame como a ola, como a hoja o nube,
pues caigo en las espinas de la vida sangrando!"
Percy B. Shelley.



Vinieron los asoladores
siete veces a mi casa,
se llevaron siete veces todo.
El canto del ibis
y los atardeceres en brazos
de mis amores.
¡Todo el amor se llevaron!
Por último, las paredes
con sus cuatro ventanas.

Quedó mi casa
con su nombre en el suelo,
junto a trozos de ojos
en medio de otras casas sin bocas.
Los asoladores pasan
sobre la piel de mi casa a diario,
el lugar de mi nombre
es su camino de tránsito.
Ellos visten
de color rojo fuego;
otras veces, sus negruras
ahuyentan el negro
azabache de la noche;
ante mis ojos, aparecen indefinibles...
¡Oh, viento del este!

Sus ropajes asustan
como la espalda del miedo
o el dolor a contraluz.
Y reafirman con sus botas
el terreno conquistado,
y bailan y hacen piruetas
sobre el que una vez
fue mi techo de luciérnagas.
Mi techo, refugio de pajarillos
que soñaban con emplumarse...

Sobre las ruinas asoladas,
ellos vuelven y pisan
con su furia insistente,
muelen la única piedra que quedó viva
y esparcen el polvo de nuestros huesos,
nos dejan sin cenizas...
No perdono sus risas, ni perdono al aire
que les dio aliento y látigo,
ni a la vida, que los creó para arruinar...

Crecen dunas temblorosas, montículos
de nombres desérticos
sobre el lugar donde mi casa cantaba.

Si miro bien
en días transparentes,
aún puedo ver el lugar de mi nombre,
el dibujo de mi casa con sus señales,
allí junto al huerto de ñames
y las plantas de té;
allí donde aún merodea la pobreza
con su perro y su arraigo.

¡Mi casa,
con sus cuatro ventanas
que quedó destruida,
siete veces!

Poema de Clarisa Tomás. © All Rights Reserved.
(Dedicado a Amara, al dolor de sus siete años).


Gracias,lectores.

lunes, 17 de abril de 2017

CANCIÓN DE LA CALLE MUDA

Imagen: Cidade de Deus (Ciudad de Dios), 2002. Director: Fernando Meirelles. Novela: Paulo Lins.
Drama basado en hechos reales en suburbio de Río de Janeiro. Cine de culto.
Calle de la distancia,
calle de la hora puesta,
  donde el sol se apresura
ebrio de realidades...

Las cosas que he visto
aún tiemblan en mí.
Tiempo fugitivo
detrás del vivir,
dolor indecible
sobre el manantial,
ternura oprimida
queriendo escapar.
Aurora indeleble
sobre aquel rosal,
los brazos del viento,
tu rostro al pasar.

Las cosas que he visto
aún duelen en mí.
La flor ignorada
sobre el adoquín,
un techo vencido
y un triste reloj;
tu cuerpo pequeño
pisado y sin voz.
La sombra y la ruina
peinando los ojos,
y un sol de reojo
cruzando la esquina.

Las cosas que he visto
aún tiemblan en mí.
La vida escondida
temiendo salir,
la rama quemada
y el aire de luto,
codicia, cloacas,
cortinas de humo.
Penachos de estrellas
buscando el fulgor,
almas errantes,
los hijos de Dios.


Poema de Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved. 


 Les Choristes - ''Vois Sur Ton Chemin''. ( En Concert ).



Gracias, lectores.