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jueves, 13 de agosto de 2026

BASTIAM Y YO

 


Niños a la orilla del mar del pintor valenciano Joaquín Sorolla, 1903. (Philadelphia Museum of Art) (Impresionismo, luz mediterránea) (La imagen es foto copiada en el Museo)

Bastiam y yo

Bastiam y yo teníamos un acuerdo:
cuando él cumpliera diez años, nos daríamos
un beso de esos con permanencia...
Nunca cumplió los diez,
ni yo tuve aquel beso con sabor a pastéis.
Y la vida era dulce hasta que cumplí diez.

Mi niñez era un verso de infinitos colores,
amanecían azules y se dormían en verdes
tornasolados sobre tejados libres,
de tejas marionetas que nunca estaban quietas.
Vencíamos a las estrellas subidos en el tilo
y el sueño nos llegaba con las luces primeras...

Marilia "francesinha", Tereza "portuguesa"
y Nolo "pocaspecas con su hermano "Pedrolo",
hacían un buen equipo jugando al escondite.
A veces con Pegaso buscábamos senderos estrellados
y otras, entre jazmines, trepábamos a la tapia
de la vieja casona del abuelo de Mauro.
Y Bastiam con Junqueira trotando en la ribera...

Mi niñez era un barco
en busca de aventuras,
un trocito de cuento
de algún libro pirata,
las locuras de Bastiam...

Yo vivía en la orilla de un río entre choperas
que el viento hacía cantar como un coro de chicharras.
Una casa en la colina, un huerto con granados,
el rosal chino dibujando el portal;
y allá en la hondonada de la fuente Tres caños,
el chapoteo ruidoso de las perdices bravas.

Los maizales cernían sus crines por la vega,
chorreaban sus trenzados como yeguas lusitanas
y era como una fiesta de esas de corbatinas,
entre dulces mazorcas y cielos de golondrinas.

Y siempre Lusitania deslumbraba a lo lejos...
En los días encalados,
subía al torreón de los Conquistadores
y armada con mi espejo, le hacía guiños al sol.
Y Bastiam saludaba 
desde su torre nube
con una banderola roja y verde inflamada
iniciando el despegue... ¡Quería ser aviador!

Anoche me dormí esperando noticias...
Soñando con Lisboa y su música en abril.
Sus calles con claveles de rojos solitarios,
las blancas pañoletas, el Fado en las esquinas...
Las tardes en el Chiado bajando a carrerillas,
las noches amarillas con la luna en el Tajo...

Y mi almohada supo de toda la saudade,
del devenir del tiempo y sus enredaderas,
de mis primeros pasos con todas sus maletas.
De amigos ya lejanos, de aquellos que se han ido...
De las pequenas coisas que Bastiam y yo tuvimos.

🌱🌱🌱

Con este poema os deseo un feliz tiempo a todos. 
(Poema publicado en el libro Donde los puentes se alzan, dic., 2017, pág., 97)

🌱🌟🌱
Clarisa T. © All Rights Reserved.
Gracias, lectores. 🙏📚
Merci beaucoup à tous
Escuchad con calma
el murmullo del corazón.
¡Felices lecturas,
ahora y siempre!
¡Abrazos y sueños! 
🙋‍♀️📚☘️🤗
¡HAYA PAZ EN EL MUNDO!
Note: Mi cariño y abrazo a los damnificados por el terremoto en zonas de Colombia. Nuestro pensamiento esperanzador está con todos vosotros. 🤗🌎

jueves, 4 de diciembre de 2025

ESTOY PENSANDO...

 
Estrella Sirius, la más brillante del cielo nocturno.

Estoy pensando...
Que admiro los frutos
de la tierra y el cielo:
soles, estrellas, besos...

Estoy pensando que me falta mucho que aprender de la vida, no sé si he aprendido a vivir como la vida precisa. Veo el mundo diferente a como se muestra. No comparto la gran mayoría de las ideas que me ofrecen. No comprendo los cuentos que me cuentan.

Estoy pensando que siempre me ha motivado más escuchar que hablar. Observar que juzgar. Caminar por las calles que ir en metro. Me encanta enviarle sonrisas al mal humor que pasa encaramado en el humo del tráfico y amargarle el día. Sé que me he pronunciado poco, quizá por esa “timidez” que me diagnosticó mi psicóloga. Mi reto diario es pasar inadvertida.

Estoy pensando que he hecho muchas cosas o ¿pocas?, desde mis comienzos en la vida. No sé si esas cosas tendrán un significado en algún lugar... Lejos queda la voz de mi padre diciéndome: «No mires atrás». Aún me visto con su bondad estelar.

Estoy pensando que después de tantos estudios, trabajos, lugares... Aquí un día frustrado; allá un sueño por despertar... La cama siempre por hacer, la ropa tendida en las prisas... Los hijos bien arropados en mi pecho y el amor revoloteando a mi alrededor como un perrito fiel... Y andar, andar, andar... (Parafraseando a Unamuno: «leer, leer, leer, vivir la vida que otros soñaron...» )
Estoy pensando si he aprendido algo de la vida o sólo tengo un sin fin de asignaturas pendientes... Una triste hoja en blanco.

La vida me asombra cada día. ¿Será que estoy atravesando una fase o nueva etapa?

Y ahora no sé si soy ciruela o durazno... Recuerdo esa pregunta, era la favorita de mi amigo de alma montañera, en nuestros días universitarios. «Cuando hayamos crecido en qué te gustaría convertirte: ¿en ciruela o en durazno?» Y se quedaba allí, mirándome con ojos de leopardo de las nieves, tan tranquilo, esperando mi respuesta. Y yo, con la boca abierta... Entonces, nuestras sonrisas de ese tiempo del crecer, iluminaban más allá del campus...(Jamás decía "hacerse mayor". Él consideraba que cumplir años era cosa de crecimiento y punto). Ya hace tres años que se fue a su Crecer.

Él tenía toda una tesis al respecto. «Somos frutos del árbol nacido en el costado de Dios —decía—, sin distinciones. Simplemente frutos de hueso, carne y piel. Iguales a ciruelas y duraznos, destinados a ser dulzor en expansión. Dios tiene dos manos, con una recoge a los rebeldes; con la otra a los dóciles. Dios tiene dos ojos, con ellos contempla las vivencias de sus frutos amados. Dios tiene un corazón donde sus frutos trascienden a la luz. Las ciruelas brotan en estrellas azuladas en su boca. Los duraznos renacen en soles anaranjados en su pecho orbital. De vez en cuando, Dios se queda admirado al ver la cosecha de su árbol. Guarda las semillas de sus frutos en su almohada eterna y duerme un rato. Mañana recogerá nuevos frutos, Él sonríe».

Para mi amigo, también las cosas de Dios eran sencillas, igual que la vida: subir, bajar; nacer, crecer. Llegar, volver... Amar y amar. Pero yo sigo sin saber qué soy. Porque hay veces que me siento durazno y otras, ciruela. ¿Me guardará Dios junto a sus otras semillas bajo su cabeza creadora?.. Sin embargo, siempre he tenido claro que mi amigo era Sirius, la más brillante de las estrellas. Una dulce ciruela madura en la boca de Dios, rezumando... Yo sonrío.

ANDAR, ANDAR, ANDAR...
Andar, andar, andar,
llorar caminos,
cruzar los puentes,
seguir latidos.
Amar, amar, amar,
sentir la vida
como la ingenua flor,
abrir los ojos al color.

Y ser apenas canto, un nacimiento,
las simples páginas que va llevando el viento.
Escribir palabras al borde del exilio,
sembrar intentos caídos del abismo.

Pasar, pasar, pasar,
dejar tu huella,
el tiempo plateado en las farolas.
Se esfuma lo vivido,
el sol en lontananza,
en blanco y negro, ondea, la luna sobre el agua.

Queda lo sentido,
el verbo,
la esperanza.
La gota de la sangre,
la luz,
la valentía.
Una mirada sola que viaja en un silbido...

Andar, andar, andar,
hacer sendero el puente:
¡belleza y desmesura sobre el Tormes!

Quedan las ojeras,
la sal,
el sacrificio.
Tristeza disidente,
el libro que has sufrido.
El polvo de la herida y los brazos enzarzados.
El mundo en el espejo,
la tierra en los zapatos.
🌟🌟🌟
(Poema publicado en el libro
Donde los puentes se alzan, (Letrame, 2017). Pág. 20)

Clarisa T. © All Rights Reserved.

Queridos amigos, lectores de esta orilla: con este nuevo post os felicito la próxima Navidad a todos y que el año 2026 sea el principio de un mundo mejor para los niños. Os deseo paz y muchas estrellas brillando en vuestros corazones. Como deciros que todo me gusta de estas celebraciones menos el consumismo impostado y que se utilice la Navidad para enriquecerse los que ya son muy ricos. Sin embargo, olvidando lo que a cada cual le disguste, es bonito ver las caras de los niños, sus sonrisas plateadas, soñando regalos, abriendo regalos. Ojalá para todos los niños del mundo haya paz y alegrías duraderas y no sólo en estas fechas, lejos de guerras y calamidades. Da igual la fe de cada quien, celebrar nacimientos con bondad es dar alegría a quienes lo necesitan. Es sólo un gesto de amor. Ese es el mejor fruto que podemos ser. 🌟🌞🙋‍♀️❤️🌍🌎🌏 ¡Abrazo grande! (Y no sé si esta entrada es un final o un principio, la vida irá diciendo...).

Gracias, lectores. 🙏📚
Merci beaucoup à tous

¡HAYA PAZ!
🙋‍♀️📚☘️🤗
¡HAYA PAZ EN EL MUNDO!

sábado, 3 de abril de 2021

LA CULPA

Óleo: Pájaros. De James Hautman. Pintura animalista. Premio "Duck Stamp" en tres ocasiones.
 

La culpa

   Papá decía que la culpa es como la desesperación del animal atrapado en la trampa. Es agonía en total desconsuelo.
   Lo sé bien. Cuando la culpa te atrapa, los ojos se ciegan, el camino se nubla y la vida toma una dimensión inabarcable... Lo de alrededor se hace prescindible, la culpa es la absoluta protagonista. Y yo, buscando el tragaluz... !Mi niño, cuánto duele esta culpa!
   La culpa llegó a mí una mañana cuando iba de camino al colegio a llevar a mi hijo de cinco años. Recuerdo que la primavera asomaba graciosa en los jardines y en el paseo marítimo, las farolas aún brillaban. En las olas sobre el malecón, volaban las gaviotas al picoteo y un todoterreno blanco dio unas volteretas e hizo un caracol con resultado mortal... A la mañana siguiente, la culpa llamó a mi puerta y yo le abrí, se quedó a desayunar. Se hizo tan asidua que tomó el cuarto de invitados y se quedó a vivir en casa. Más tarde, se metió en mi cama y conquistó todos mis rincones. Me acostumbré a tomar el desayuno atragantada en sus manos y llorando a moco tendido. Y ella, para más inri, tocaba en el piano Primavera vivaldiana que tanto te divertía...

Tu ausencia quema en mí.
Mi niño ¿Cuándo nos encontraremos?
El dolor no deja de surgir,
es una flor boquiabierta
como tu boca ingenua .
Mi niño ¿Cuándo nos encontraremos?

   Después de años conviviendo con la culpa, poco he aprendido. Aún no distingo cuántas máscaras tiene, ni cuántas manos para apretar... Lo que sé es que pelearse con ella no sirve de nada. Tampoco herirla de muerte, porque ella, incluso agónica, se levanta y te prepara el desayuno con su mejor vestido. A puro de pasar tiempo juntas, he conseguido distinguir algunos signos. Si llueve, salgo corriendo a empaparme y dejo que la lluvia me trague. Cuando la lluvia me traga, la culpa se ahoga. Es como si se fuera al fondo del mar con los peces... Y así, alguna vez, he sentido una caricia de pluma en mi cara...
   Ayer, después de trece años, la culpa que me acompañaba no se despertó. No puedo entender qué pasó. Me levanté, hice café, hablé con los pájaros, regué las petunias y me dispuse para ir al cementerio como cada domingo. Abrí la puerta para salir y yo, sola. ¡Qué raro! La culpa seguía sin aparecer. Fui a su cuarto, la cama estaba hecha. ¡Sin rastro de ella! ¿Salió temprano y sin mí? Suspiré aliviada y a la vez confusa. ¿Dejó mi hogar? Ah...
   Y entonces, en la puerta, erguido en sus dieciocho años recién cumplidos, apareció Arthyom, mi belleza del alma. Su pelo dorado de trigos, su blanca mirada... Sus pequeñas manos traviesas atrapando sonrisas...
   «Mamá, — dijo con su voz prodigiosa — , ¡qué guapa estás! ¡Cuánto te he echado de menos! Sabes, he venido a celebrar mi cumpleaños contigo, quería abrazarte con un abrazo de "rosca de miel" como las que hace la abuela y..., contarte mi secreto... Mamá, de ahora en adelante, seré yo quien venga a verte. Vendré todas las mañanas y te traeré manzanas ácidas de la tienda de Janine que tanto te gustan. Tomaremos el desayuno lentamente, "para que aproveche", como tú siempre me dices... Mamá, el accidente..., no fue tu culpa. Yo..., ¡te pido perdón! Me quité el cinturón de seguridad jugando con la espada de Thor..., cuando no mirabas..., porque tú sabes que no me gusta ir apretado... Pero ¿sabes una cosa?: ¡dar vueltas por los aires me sienta bien! ¿Has visto cuanto he crecido? Mamá, ¡los pájaros me aman!».
   Hoy me he levantado muy temprano, tengo un invitado especial para el desayuno. La culpa no durmió en casa. En el salón, un allegro suena como si quisiera liberar secretos... ¡En el jardín hay explosión de pájaros! Los pájaros vuelan su algarabía sobre las rosas...
🪁🪁🪁

Clarisa T. © All Rights Reserved.
Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous! 

Note: relato basado en un hecho real cercano, pertenece a mi libro inédito "La colina es blanca, el pájaro azul". Todo mi amor para esa madre (aunque ella lo sabe). También decir que, si miramos bien, la Vida nos pone las respuestas delante. A veces puede llegar en forma de flor; otras, en aves que se posan curiosas en el alfeizar, ¡ponedles agua y comida para que tengan fuerzas! Y algunas, en la música del agua, en el sonido de las estaciones... Qué deciros, yo veo señales por todas partes... 😉 Ufff, últimamente mi corazón parece de merengue... ¿Será por esta pandemia? 🥰 Be Happy! 📚🪁

viernes, 10 de abril de 2020

LA SALA DE LOS CUERPOS RADIANTES

La última cena de Salvador Dalí (1955). Surrealismo.
Óleo sobre lienzo. Galería Nacional de Arte de Washington D.C.

La sala de los cuerpos radiantes

   Ilyana llega cansada. Su turno en el hospital, como enfermera, cada día es más largo. Le he guardado la cena y está sobre la mesa. Para ella es el desayuno, supongo. ¡Pobre hija! Se ha estrenado en su trabajo bajo el azote de esta pandemia. Tiene los ojos tristes, la oigo llorar por las esquinas, aunque disimula. Mientras come, desganada, habla y habla, dándole vueltas a un macarrón...
   —Hoy han muerto 41 personas solo en mi turno. Una mujer de 45 años, casi como tú, mamá, ¡murió en mis brazos! Y solo pude decirle: "todo va a ir bien." Y aún así, ella, para que yo no me apurase, me sonrió dulcemente. Sabía que era el final y solo me sonrió... A su familia no le estuvo permitido acompañarla... El médico certificó la hora de la muerte a las 4:37 a.m. Un celador, con rapidez, se la llevó a la sala de los cuerpos radiantes... Y allí quedó en la fila, con el cartelito distintivo a sus pies : Covid-19 ¡Qué pena me dio!—. Acaricio el pelo de Ilyana, aún húmedo. Y no tengo rastro de palabras... Las que aprendí ahora no  me sirven. Necesito bocas que sepan cantar las palabras de los manantiales...
   —Oh mamá, ¿te imaginas que hubieras sido tú o el abuelo? Morir sin poder decirle adiós a los tuyos... Sin darle un achuchón a tu gato... Sin un beso que te consuele... Esto es muy fuerte, mamá. Ella tenía un rostro tan dulce... Irradiaba un no sé qué...

   Vuelvo de la cocina con un vaso de leche. La encuentro dormida en el sofá, acurrucada con Milú, que ronronea feliz. En su mano derecha, apretada con fuerza, aún tiene la manzana sin morder.... La arropo con su manta de soles risueños. Me quedo a su lado.
   Cuando pase esta muerte, los sobrevivientes, deberemos inventar la vida de nuevo, y también las palabras —me digo, orgullosa de ser una madre—. Palabras que toquen la lengua de las montañas, la risa de los árboles, el pico y las alas de millones de aves. Porque todos nuestros hijos, los que nos cuidaron y salvaron; los que se sacrificaron y trabajaron, sin dormir, sin comer, serán hombres y mujeres con un talento nuevo, con un nuevo lenguaje y nuevo fulgor.

🌸🌸🌸
Clarisa Tomás Campa.  © All Rights Reserved.
Clarisa T. © All Rights Reserved.
Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

(Historia de ficción sobre la pandemia, real y actual, del siglo XXI) #Coronavirus
#Yomequedoencasa 
Salud y ánimo a todos. Y gracias infinitas a todos nuestros héroes, de todos los sectores y trabajos, y de todas las partes del planeta. 😘🌹🌞🙏🤗🌼💚

viernes, 19 de julio de 2019

EL PINTOR DEL MAR


El pintor del mar


   Hace unos años, en un viaje a Varna, conocimos a un extraño que nos dejó honda huella. Recuerdo la historia de Borysko, un excomandante del ejercito ruso de la época en la que colapsó la Unión Soviética, y que había terminado alcohólico y sin hogar. Vivía en la playa. Solía pintar el mar y mientras lo hacía, susurraba el sentimiento que lo invadía. Algunos se paraban a escuchar su soliloquio y mirar sus garabatos. Pero nadie se quedaba mucho tiempo junto a aquel loco exiguo. Mi familia y yo, sí nos quedamos.
   Era nuestro último día de vacaciones y fuimos a despedirnos del mar negro. Al ver a Borysko en aquel trance frente al mar, nos sentamos sobre la arena a su lado y lo escuchamos hasta el final de sus pinceladas.

   Antes, en aquella mañana de julio, disfrutamos de una visita al Museo Arqueológico y sus famosas reliquias tracias de seis mil años de antigüedad, después almorzamos en el parque Primorski. Salido de una luz marina, apareció el hombrecillo de pobre aspecto, abigarrado y con barba de mil años. Cargado con sus bártulos se encaminó en dirección al paseo marítimo. Fue nuestra pariente Katia, la que reparó en su guerrera de combate desnutrida. En su pechera, sin embargo, lucían un sin fin de medallas con estrellas doradas, rojas y plateadas, que lo hacían brillar como un nacimiento de solecitos. Recuerdo que Katia se emocionó y no sé si fue por aquellos selecitos o por la melancolía de una canción de amor que sonaba...

   En un rincón de la playa, volvimos a verlo esa tarde. El viejo soldado pintaba olas. Le hablaba al mar y blandía su pincel como un fusil que sabe de victorias. En mi cuaderno de viaje plasmé su voz gemidora, junto a un plumón que el viento trajo en un revuelo...

   “Soy un hombre perdido. Perdido como un perro vagabundo sin calle donde dormir. Como el diente de león en los páramos. Como el olvidado en el corazón de Siberia... En tu orilla, ¡oh Negro!, mis manos se baten con las olas y se hacen blancas... Recogen miradas que cayeron al mar desde su historia...
   Algunos transeúntes me dejan en el cestillo monedas para un trago; otros dejan panecillos que no puedo roer; pero a veces, algún niño me deja una chocolatina envuelta en sonrisas. Los niños me comprenden. Iluminan con su chispeante dulzura mi diario amargo...
   Soy un hombre solo. Solo como el «yo» sin atisbo de Verbo. No tengo compañeros de patio. El tiempo de jugar ya pasó...
  Las olas saltan, me alcanzan de lleno y entonces las prisiones se abren y yo escapo con el mar. ¡Pobre pintor!, —alguien dirá—. Pocos son los que compran mis dibujos. Pocos se llevan esta impronta de mis manos amargas. ¿Acaso importa? Yo siempre he pintado para el ojo del mar...
   Trazo la cara del mar en su cárcel, en su arboleda de nubes, en su viento errático cargado de muerte; y en su lengua rastreadora y en sus raíces sin nombres, coloreo la herida. En los verdes olimpos y en las azules Ítacas de los valles del mar, remezo el arcoíris que ayer cerró los ojos...
   Deslizo el pincel, recojo otra mirada perdida y, ahí queda el mar prolongado, desmesurado. Trazo instantes, pinto melodías de suburbios trasnochados de tempo, que salta enjabonado de espuma. Que apenas se deja acariciar...
   Desde este ángulo, el mar y yo, somos la misma esquina. Incontables manos que se dejan llevar por el vaivén del empuje del vientre indómito. Un mismo estallido. La misma explosión... El mismo abandono a lo que surja mientras la gaviota picotea... Él y yo nos hacemos un hueco entre luces y fuegos salvajes, saciamos la bravura del oleaje con baños de purpurinas...

   El mar habla continuamente. Lo escucho a barlovento. Cuenta proezas, le dejo narrar... En sus pergaminos coralinos guarda la sangre que derramé... Agradezco a quien pasa y nada pregunta, porque ya no recuerdo el origen de mis palabras saladas, y si hubo un lugar donde habité en sus desfiles...

   Vengo a esta playa como una costumbre de mis pies, por la inercia de mis botas. Admiro el mar, vuelco mi nave desolada en él. La que olvidé como una rosa en el viento. La que dejé al albedrío de los naufragios.
   Soy pinceladas demacradas de aquellas guerras que me saquearon y después me abandonaron. Mientras dibujo, hay peces con suerte que escapan de las redes; un niño pasa corriendo detrás de un globo; una paloma herida se duerme a mi lado. Un ala delta sobrevuela la ensenada, deja su ruido arácnido. Y una joven sirena cae del cielo, se levanta de las arenas y se abraza a un joven sirenio con melena de león y maleta de leopardo. Acecho al sol en su baño de horizontes... La vida anda ajena a los eclipses. Aplaudo en mi interior la fuerza que no la derrumba. Porque yo una vez también fui Fortaleza.

   Mientras dibujo explosiones de burbujas y sales, me sacio con abrazos que otros se prodigan. Me conformo con la dolencia que tritura el día. Pero yo nunca fui éste que soy. No. Yo, era...
   Una vez fui otro. Sé que tenía un verbo interior que sabía conjugarse sin herir el idioma. Yo era más que un simple infinitivo, más que un nombre en decadencia. Y podía nacer en besos, y crecía en los amores...
   Ahora mis dudas pesan más que mis años. Y mis años ya no recuerdan sus canciones...

   Hoy es el día: ¡A tus órdenes, Negro!
   Soñoliento estoy entre turbulencias. He llegado al desquicio inenarrable. Es la hora, suelto mi mano. Ella dejará de dibujar... Cuando el día se aleje a su trinchera, también yo me iré... Mi mano acaba de caer y a mi alrededor, algunos ojos me admiran extrañados... ¡Oh Mar inconquistable, alza tu mano y pinta!”.
🌹🌹🌹
Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.
Clarisa T. © All Rights Reserved.

Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

Para vuestro interés sobre la tierra de Bulgaria, dejo enlace sobre qué visitar  de sus muchas maravillas:


viernes, 29 de marzo de 2019

UN PIZARRO EN PRAGA



Un Pizarro en Praga


    Detrás de la puerta un pequeño de siete años miraba por el agujero de la cerradura. Se oían pasos agitados, gente corriendo sobre las puntiagudas piedras recién lloradas.
  Un golpe fuerte aporreó la madera. El niño se asustó y apartó su cara. Desde afuera, una voz cruel llamó: «¡Manuel Pizarro!»
  El padre, con los ojos temblorosos, miró al niño y le dijo en voz baja: «Escóndete en el pajar detrás de los burros. ¡Corre!»
  Se abrió la puerta. Se oyó un golpe seco y un: «¡atad al rojo y ponedle la venda bien fuerte en los ojos! ¿Creías que ibas a escaparte? !Tira!»
  El ruido fue alejándose y la calle silenció sus piedras. El niño salió del escondite, corrió hacia la calle hambriento de respuestas. En medio de la calle quedó solo. No había nadie en las ventanas, nadie a quién preguntar. Todas las puertas cerradas.
  Pasaron noches invernales y noches de soledades pálidas sobre la calle sin voz. Pasó el tiempo ojeroso arañando el dolor vivo sobre su piel. El niño cumplió diecinueve años. Dejó de mirar a las piedras asustadas de la calle y dejó de esperar a su padre. Dejó de llorar. Miró sus pies desnudos que ya se hallaban en un camino extranjero...

   Después de doce años trabajando por un trozo de pan para el señor alcalde y dueño de casi todos los olivares del pueblo, decidió cerrar la puerta de su casa huérfana, para siempre. Le dio las gracias al delator por haberle dejado ir al colegio algunas veces, por haberle regalado las ropas usadas de uno de sus hijos durante aquellos años de servidumbre. Pero aquel joven sabía con certeza, que el viejo alcalde jamás redimiría la culpa de aquella noche delatora. Su venganza sería irse lejos y no volver nunca a la patria sin memoria. Una patria que no había tenido interés en contarle las verdades que ocurrieron en las calles empedradas. Aquel año de 1948 se reabrieron las fronteras franco-españolas. Esta noticia fue de vital importancia para muchos jóvenes que quedaron huérfanos por la guerra como mi abuelo Román Pizarro.

  Por último se acercó a despedirse del río Tajo y dijo adiós para siempre al puente de Alcántara. Puente emblemático, aún manchado de sangre en las comisuras de sus piedras, donde en el 36 los fusiladores se jactaban del certero tiro en las cabezas. Desde allí tiraron a su padre y a muchos otros desaparecidos. Pero todo había quedado oculto y mudo, difuminado entre aromas de romero y jara bajo el sueño de Caesarina...

  Muchos años después, mi abuelo, nos contaba historias de la guerra de España, de la noche que se llevaron a su padre para siempre, de las calles de piedras de su niñez, mientras paseábamos por la plaza de la vieja ciudad de Praga. Mi abuelo nos decía con tristeza que, aquella guerra civil nunca se aprendió en las escuelas, y sin embargo, sentía un gran cariño por su tierra natal, estaba muy orgulloso de su origen español y de su apellido “Pizarro”. 
  Él siempre llevaba en las manos un pequeño libro de poemas del poeta Vladimir Holan. Le recitaba a las palomas con mimo, como si quisiera que sus palabras volaran por encima de los tejados y bajaran a beber en el río... “Dolor y pena, recuerdos y añoranzas... ¿Quisieras ser de nuevo joven, vivirlo todo de nuevo?". Quizá porque se acordaba de otro río y de otra tierra de pizarras...

  Una tarde de mayo, la mirada de mi abuelo se fue con el río Moldava. Sus últimas palabras fueron: “uno es de donde ha aprendido a vivir”, recordando a su compatriota Max. Las palomas revoloteaban a su alrededor alborotadas, o quizá le recitaban ¿quién sabe? La fina y suave lluvia resbalaba en su cara, brillaba en las piedras del viejo puente...

****************

Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

(Esta es una historia de España que mi abuelo me contó. La historia está ficcionada para preservar el anonimato).

lunes, 27 de agosto de 2018

POR EL CIELO, A POLONIA

Gdansk, Polonia.
"Agito mi memoria,
tal vez algo en sus ramas,
adormecido por años,
salga de pronto volando".

"Pobudzam moją pamięć,
może coś w swoich gałęziach,
odrętwiałe przez lata,
wyjdź nagle voland ".

Wisława Szymborska. Escritora polaca.
(Premio Nobel de Literatura 1996).


Por el cielo, a Polonia

En la estación de embarque todo fue precipitado:
las maletas se adelantaron. Au revoir!
Mansas ovejas en la sala del matadero,
todas las maletas quedaron en Stand by.

Al pasar sobre las nubes se ven
atardeceres cobijados en sus lomos, sonrojados
de soles, esperan a las grullas en su vuelta de África;
—los ombligos se encogen, cosquillean los pies—.

La pequeña niña agita su mano con emoción
igual que un ala en su primera aventura.
¡Todo es tan ingenuo en las alturas!

La distancia en el cielo es un ojo fantasma, extraño;
con la misma pregunta sin respuesta parpadea,
se confunde entre millones de seres intrigados
en las ondulaciones del rumbo.

Se unen al viaje rumores del este, 
aleteos de pasajeros veloces,
tormentas aulladoras, eléctricas;
las grandes bocas de humo...

Recuerda a las líneas de salida de olímpicas carreras.
A una estampida en llamaradas en las dependencias del eco.
Todo se anuda, precipitado, al cuello del viento:
¡Ristras de pañuelos! Bienvenidas y adioses.

Todo sigue la corriente de un rutinario
de plegarias hasta su desembocadura.
Y entonces se abre la puerta tan esperada,
—la gran puerta donde arriba el viajero
ávido de indicios por descubrir—.

De par en par se muestra la ancestral memoria
en los ramales lucientes de su arboladura.
Las jaulas humanas, cercadas de pasado,
trasnochadas en violines de rojo y gris;

los barcos de guerra que ahora son palomas.
Nobles paraísos, iluminados,
vislumbran los sueños de la ciudad cautivadora
de almas. Mon amour, Varsovia: Je suis ici! 

🌹🌹🌹

(Poème recueilli dans mon journal Voyage, Août 2018).


Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia. (Pałac Kultury i Nauki).

Krakowskie Przedmiescie.

Panorámica de Varsovia (Panoramiczny z Warszawy).

Feliz tiempo, allá donde te encuentres...

Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

Nota: Las imágenes de este post no me pertenecen, están tomadas de internet y solo tienen permiso para uso editorial. Gracias.