viernes, 10 de agosto de 2018

CANCIÓN PARA UN ENCUENTRO EN CHERNIVTSI

Imagen: Abstraite Femme. Vladimir Volegov.
 (Владимир Волегов) pintor realista ruso.
http://www.volegov.com/






Inflamados de pasión, en la urgente
semilla del alma, poblamos
de aromas los caminos del este.
Fue una tarde de ventanas ruidosas
bajo los violines de Chernivtsi.
Los pies del ayer bañados de orillas.
Nuestra risa, con millones de gotas,
construyó un arco iris.

Nos miramos, recuerdo ese brillo.
En el viento ardían las promesas.
Nuestra rosa dormida renacía vital
al Amor: Sueño imborrable.

Con un solo beso, ¡ángel triunfal!,
volcamos todas las estaciones.
Nació nuestro Verano de mágicos veleros,
de horizontes incendiarios.
¡Los vivos girasoles de la carne!


Con días obstinados voy
cantando un día y otro día.
Las horas se desplazan sobre
el viejo amarre del Cheremosh,
el miedo husmea entre cortinas.

No quiero que la noche encoja
mis hombros con ecos que no vuelven...

Tus brazos recorriendo mis páginas,
las piernas de mis olas,
los finos nenúfares, mi tierra.
El último amor que no se borra.
Corazones indomables sobre la hierba,
hirientes de ternura, de lunas.
Tu voz al combate de caricias,
yo hechizada de ti. Tú en mi cintura.
Como anillos revolucionarios
saltando de portal en portal.

Los cielos de algodón
rozaban Kryvorivnya,
cuando tú y yo, desmayados,
nacimos en la flor universal.

Ella estaba hermosa
de pétalos y brisas,
bebimos de su boca.
Caímos atrapados en sus rayos.

El ayer, zigzagueante,
se fue por el barniz de las calles...
La explosión de crisálidas
en nuestro pecho y vientre,
que llegó como un bálsamo,
que desnudó las llamas.

Tu nombre vino a mí como un ramo
de estrellas disidentes.
Lo alcancé con mis dedos y atrapé mil deseos,
melodías de fuentes, el hogar de tus ojos.

En Lviv nos besamos
como dos muertos de hambre,
dátiles nerviosos caían, las extranjeras lágrimas...
A lo lejos, los Cárpatos, aullaban.
Sobre el lecho de Venus, un rutilar de cálices.

Y entonces fuimos ríos indagadores
por valles verdinegros,
hasta llegar al Meva, ¡solaz dulce!
¡Hasta colmar la corriente apasionada!
Festín de caléndulas en los cedros,
flamantes de sonidos, nuestras manos.
Como astros encendidos
florecimos de lluvia en la mañana.

En Yalta, nuestro amor, moría
agrietado en la distancia.
Desterrado al tamiz de las nieves
sin labios que lo amaran,
su rostro se hizo espuma. Tierra hostil.

Me recreo en el destino de tus amaneceres...
Álgidos de besos sin fronteras, tus palabras
sobre mi corazón insomne, fundían la belleza.

Anhelo ver el sueño despertado,
la casa, —donde libres— nuestras aves
veloces y serenas, volverán a ser ángeles...
Soltar mi corazón como un globo festivo
y alzarme por tu espalda.
En tus enredaderas
rizar todas las letras del poema.

Y en vez de ir muriendo un día y otro día,
cantar por encima del mundo
la fiesta de los cuerpos.
Al mar, a los desiertos. Alzada mi cabeza,
erguida de pasión canto que llegas
sobre azures exóticos.
Cantar sobre las aguas aurorales
las sedas del amor, blanco y desnudo.



Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.



Gracias, lector.

miércoles, 25 de julio de 2018

HE LEÍDO QUE NO MUEREN LAS ALMAS

Anna Ajmátova (Анна Андреевна Ахматова)

«No, no bajo un extranjero firmamento,
ni bajo el amparo de extranjeras alas —
estuve entonces con mi pueblo,
donde mi pueblo, por desgracia, estaba.»
Anna Ajmátova.



ANNA AJMÁTOVA (1889-1966), seudónimo de Ana Andreievna Gorenko, nació cerca de Ordesa, en Ucrania.
A los veintitrés años publicó su primer libro de poemas, La tarde. En 1934 su primer marido , el también poeta Gumilev, fue acusado de actividades contrarrevolucionarias y murió fusilado. Muchos de sus amigos poetas fueron enviados a los gulags de Stalin, y eran condenados a prisión o enviados al exilio, entre ellos su único hijo, Lev. Tras años en el centro de la diana del terror estalinista, fue encarcelado en 1938, acusado de terrorismo.
Durante diecisiete meses, Ajmátova hizo cola todas las mañanas ante la cárcel de Leningrado para saber si seguía con vida.
De esta experiencia nacería uno de sus poemarios más bellos, Réquiem, publicado en 1963, el mismo año en que se le concedió El premio Internacional de Literatura.
Ajmátova desnuda el espíritu ruso mientras canta al desamor, al paso del tiempo y al dolor de ver la propia patria sometida al terror más feroz. Su obra, prohibida en Rusia durante muchos años, es uno de los principales testimonios literarios de la turbulenta historia del país.



Libro: He leído que no mueren las almas
Autor: Anna Ajmátova.
Traducción: José Luis Reina Palazón
Penguin Random House, Grupo Editorial.



EN LUGAR DE UN PRÓLOGO
En los terribles años del terror de Yezhov hice cola
durante siete meses delante de las cárceles de Leningrado.
Una vez alguien me «reconoció». Entonces una
mujer que estaba detrás de mí, con los labios azulados,
que naturalmente nunca había oído mi nombre, despertó
del entumecimiento que era habitual en todas nosotras
y me susurró al oído (allí hablábamos todas en voz baja):
—¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
—Puedo.
Entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello
que una vez había sido su rostro.


INTRODUCCIÓN
Esto fue cuando el que muerto estaba
solo sonreía, de su paz alegrado.
E inútil, colgante, columpiaba
junto a sus prisiones Leningrado.


Y cuando de tormento enloquecido
el condenado al regimiento marchaba,
y una corta cantinela de despido
el silbido de los trenes cantaba.


Las estrellas de la muerte constantes,
Rusia inocente de dolores repleta
debajo de aquellas botas sangrantes
y las ruedas de las negras furgonetas.


               1
Al alba te llevaron,
como a un entierro tras de ti mi salida,
en la oscura alcoba los niños lloraron,
ante el santo quedaba la vela derretida.


En tus labios el frío de un icono.
Sudor de muerte en la frente no olvido.
Como las mujeres de Streliezki pregono
bajo las torres del Kremlin mi alarido.


               5
Diecisiete meses grito,
a la casa te reclamo,
al verdugo ayer suplico,
por ti mi hijo y mi espanto.
Todo se enreda sin nombre
ya no sé diferenciar
quién es la bestia o el hombre,
si la ejecución he de esperar.
Solo flores polvorientas,
incensario, tintineo, huellas
a cualquier y a ninguna parte.
A los ojos me mira lanzada
y de un pronto desastre me amenaza
una estrella gigante.

Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


Gracias, lector.


Lettre de chanson

viernes, 6 de julio de 2018

INDIFERENCIA




"Perdidos ya, sin mástiles, ni islas paradisíacas...
¡Mas oye, oh corazón, el canto marinero!"

"Perdus, sans mâts, ni fertiles îlots...
Mais, ô mon coeur, entends le chant des matelots!"
Stéphane Mallarmé.



Nuestras almas fueron olvidadas
como polvo en la distancia,
como el sueño que jamás arriba.
Y fue la bestia con su ardor de fauces
puesta en las puertas,
para esconder todos los soles,
para cerrar todas las alas.
¡Y el mundo tuvo un placer infinito!
Porque en los cielos
ya las aves no hacían ruido,
porque en el mar,
la luz se hizo una grieta.
Boca grande, ¡oscura boca!,
donde acabaron engullidos
los pequeños amores embrionarios,
las flamantes inocencias
y las rosas.
Y los minúsculos dolores de la vida,
y la ternura en su raíz,
y el color nuevo.
Nuestras almas
fueron volcadas al olvido,
y el feroz bestial —de humano elenco—
reventó en las venas del aire,
sangriento, aterrador,
árido de amor fue decayendo,
mordiendo cada intento de pureza.
Y quedaron inútiles las tardes.


Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Gracias, lector.

Porque no queremos convertirnos en sombras. Quizá el mañana nos regale algún beso, o una última palabra amiga... Versos.

Feliz tiempo, amigos. 
Os animo a leer. Leed en voz baja escuchando los sonidos de la tierra y los de vuestro corazón.

Je vous encourage à lire à voix basse.
Lisez à voix basse en écoutant les sons de la terre et ceux-là de votre coeur.
Un bonheur vous a désirés!





viernes, 29 de junio de 2018

EL VUELO QUE NOS UNE


A Nino Ortea, escritor
y hacedor de palabras.


Hola, enloquecedor de instantes.

Hoy, al leer tus palabras de despedida he sentido un déjà vu. Y es que ya nos vimos antes en esa otra realidad. Y todo funciona correctamente... Todo sigue su camino.
Has pasado a otro estado (stand by), lo sé. Pero stay with us, aunque sólo sea de vez en cuando, para sentirnos que no estamos tan locos. Para sentir la agradable compañía de tus palabras.

Las cosas por (internet y sus medios) son pasajeras, igual que nuestras acciones bajo el cerco lunar. Sin embargo, no dejo de vestir nuestros actos con un ligero romanticismo, quizá para hacer de ellos puro tránsito de vida. Igual que no dejo de sentir un poco de pena ( si de verdad no vuelves a escribir en el blog), porque me había acostumbrado al eco de tus palabras genuinas, donde siempre he encontrado cierta similitud con las mías.

Entiendo que quizá sea esa "costumbre" la que te ha hecho dar un giro, un nuevo rumbo a otros cielos. Te entiendo.
La costumbre está bien para crear leyes, pero no es buena para la mente creativa, porque acaba siendo una mera repetición de sí misma. Tú sabes bien de estas cosas y ya las has valorado antes. Entiendes el proceso al que las palabras están expuestas.

En un momento concreto de mi andadura en la blogosfera, también me vi vestida de costumbre.Y es cierto que al final uno se acostumbra a esperar el comentario agradable y el aliento de otras voces de paso a los que agradecemos que se fijen en nuestras palabras escritas, porque todo forma parte de ese ritual conmovedor que subyace en quien pretende ser leído, comprendido.
Pero pasada esa frontera de inseguridades o (necesidades), ellas buscan su propio camino y ya están preparadas para pasar a otro estado. Y supongo que así se forja un escritor, tal y como entendemos ese noble oficio del que algunos han llenado libros.

Tú estás en ese viaje ya, lo sé. Lo sabemos. Pero te seguiremos de cerca en cada uno de los proyectos que nos participes. Y estaremos ahí, para ver cada logro tuyo y te leeremos con respeto.

Porque entendemos que quieras volar, amigo. Entendemos.

"No todo es desierto
después del tiempo andado.
No todo es llanura,
no todo son flores sobre el mar...
Sube la vida, impulsora,
corriente arriba al desove
para dejar su estirpe dorada,
porque todo es agua de corrientes vencedoras.
Porque todo es viaje apasionado en hilos de vida.
Tus palabras, como las monarcas
audaces, vuelven a su origen
para transformar lo fugaz en maravillas.
Desde los recovecos de las mañanas
te asomarás con ellas
para ser parte del día
y nos traerás nuevas runas.
Nuevos paradigmas de caminos,
nuevas poblaciones de palabras.
Porque a ti lo que te gusta es volar,
mirar desde altos cielos".



Querido Nino, mucha suerte en todo cuanto emprendas. Te dejo mi agradecimiento.
Te leemos.

Para quien muestre interés por el escritor Nino Ortea, dejo aquí su página de amazon con sus publicaciones y también el enlace a su blog:


https://www.amazon.es/s/ref=dp_byline_sr_ebooks_1?ie=UTF8&text=Nino+Ortea&search-
alias=digital-text&field-author=Nino+Ortea&sort=relevancerank


viernes, 22 de junio de 2018

MÚSICA DE ABRAZOS

Imagen del film: "Edward Scissorhands" (Eduardo Manostijeras), 1990.
 Director: Tim Burton.
"Ternura y alienación artística", Michael Wilmington: Los Angeles Times.


"Mucho antes del cuerpo.
En la época del alma.
Cuando tú, al mirarme en la nada,
inventaste la primera palabra.
Entonces, nuestro encuentro".
Rafael Alberti.




Rendida a tu calor
cayó la torre de hielo,
y todas las aves
vinieron a cantar tu llegada.
Porque los ríos ya notan tu afluencia,
porque las montañas
ya visten con tu corona dorada.
Las sombras, temerosas,
se apartan para no ser
engullidas por los soles que asoman.
Ven, abrazo perdido,
abrazo que no tuviste niñez;
abrazo fatigado, desnutrido.
Hace tiempo te espera
el campo inmemorial
de la tierra rota.
Ven, acércate para que lluevan
canciones de paz,
para que al fin los siglos tiranos
se desplomen.
Ven a renovar la fuerza de las dolomitas
con tu roce limpio,
con tu música gloriosa.
Vuelve a nutrir las estaciones
del vital relucir,
porque todo está esperando por ti,
también la lluvia,
el pan.
¡El tierno corazón que se apresura!
Despierta con tu sello único
las casas adormiladas,
donde los niños duermen
sus almas endebles
junto a todas las espinas del mundo.
Y levanta de nuevo la vida tendida:
mil veces abajo,
¡ocho mil veces arriba¡
Acércate, despacio y sublime,
como se acercan las mariposas
a las flores recién nacidas.

Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.




Gracias, lector.

¡Feliz tiempo, amigos!
Bonheur pour tous!
Be Happy!
Щасливий час, друзі, читачі!
Tempo feliz, amigos, leitores!
Wakati wa furaha, marafiki, wasomaji!

domingo, 10 de junio de 2018

HIJA DE LA MUJER MAÍZ





   Yo, hija de Humita, de la gran lengua muskogi, agazapada entre el maíz estoy. No hago ruido. No levanto la cabeza. Sólo espero a que muera este día.
   Una lombriz se columpia en una brizna de hierba, delante justo de mi nariz y, por un instante, sonrío. Recuerdo la risa cálida de mi madre, ¡Mujer Maíz! La lombriz desaparece bajo tierra. Mi pequeña sonrisa también.
   Me arrastro. Me tumbo cerca de un hormiguero. Observo el incesante ir y venir de las hormigas, con sus cestas repletas de semillas a la espalda. Se apelotonan en la entrada, dispuestas a llevar su cargamento a través de los pasadizos profundos hasta los graneros de invierno. Son guerreras enanas, diminutas como yo.

   Respiro. Exhalo el aire herido. Suspiro... Revolotean sobre mi cabeza dos abejas en busca de miel. Sacudo mi pelo polvoriento, se alejan con un zumbido. Se posan sobre una mazorca a punto de abrir. La mazorca tiembla. Alzo mi mano y la desnudo. Sus granos dulces se duermen en mi boca, callan mi hambre.
   El calor sube hasta mis ojos. Tengo sed. Tengo miedo a que me aprese de nuevo el hombre pólvora. Y de nuevo me arrastre furioso con sus manos resecas de sangre por el patio de arcilla, y reviente en mi vientre su fuego. Tengo miedo de los ojos rojos de los hombres blancos.
   Ellos nos han traído nuevas guerras. Guerras imposibles de ganar. Muchos de los míos han muerto sin saber contra cual enemigo. No puedo saber cuántos. Ahora todos somos esclavos.

   Hace tres días que me escondo. Hace tres días que mi madre cayó al barro, atravesada por un arma pólvora. De su pecho brotó sangre, con su última mirada me indicó que huyera. Salí corriendo...
  Después, los españoles, hicieron un gran fuego y la quemaron junto a otros que no colaboraron en contra de los ingleses. ¿Qué podía saber ella? Españoles, ingleses, ¿franceses? Todos parecen iguales. Todos nos dicen “amigos, amigos”. Todos nos hablan del Dios blanco y aseguran que es más dios que el nuestro. Nosotros, en cambio, pensamos que su Dios y el nuestro deben ser hermanos; porque igual crearon la tierra lejana del Gran Gálvez, que nuestra Tierra dorada. Ellos quieren nuestra tierra dorada y verde. Todos los hombres blancos hablan palabras para la paz con amenazas. Nosotros sólo escuchamos muerte.

   “Mejor vivir con el Señor Gálvez que vivir con los ingleses” —Nos decían los españoles—. Y el Gran Gálvez se quitaba sus ropajes y enseñaba sus heridas de guerra. Y nos decía que estaba vivo gracias a su dios blanco. ¿Acaso su Dios joven es más fuerte que nuestro Hisagitaimisi viejo? ¡Qué sabrán ellos de la creación de nuestra tierra! ¡Qué sabrán ellos de esta tierra Florida! Ellos acaban de llegar. Nosotros estamos aquí desde siempre.

   Me tumbo boca arriba y escucho el murmullo del viento. Lo oigo jadear, pasa asfixiado. Corre. Levanta una gran polvareda. El día comienza a morir.

   Huele a guerra por las cuatro esquinas. Arde el maíz. Las mazorcas revientan y el cielo se cubre de negro. Las aves se levantan en estampida, se apresuran al vuelo. Se alejan.
Pero yo no soy pájaro. Yo, quieta.

Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.