sábado, 18 de mayo de 2019

SENDEROS VIOLÁCEOS

Imagen: "Doctor Zhivago", 1965. Director: David Lean.
Basada en la novela homónima del poeta y novelista ruso Borís Pasternak, Premio Nobel de Literatura en 1958.

"...Y lloré y reí porque siempre es nacer...
¡Porque siempre se vuelve a vivir!
Clarisa T.
 (Del libro Donde los puentes se alzan)



Senderos violáceos

En la distancia queda la soledad cantando...
Somos vagas luces moribundas,
opacas influencias disipan nuestra mente
y vamos cual hojas caídas al ritmo
del viento pasajero,
rozando duros suelos, sin descubrir alturas,
solamente fugaces, aparentes.

El amor nos duele sin consuelo
en el pecho,
sin medida horadó un volcán infinito
y al mirar su dulzura disipada en las nubes,
columna de cenizas
deshecha en las manos,
aprendimos a ver el color de lo exangüe.

Miramos
de reojo el espejo de vida
pendientes de nostalgias y nombres que se han ido,
ahogamos 
los suspiros que al esquivar se escapan
por miedo al canto íntimo,
tras los muros del mundo.

Fingimos
que gozamos de todas las delicias
y en nuestra cama, a solas,
lloramos
desvividos, playas de triste herida.

Y nada por hacer —ya todo lo intentamos—,
sobre el vagón continuo de nuestro calendario
hicimos del temor pupilas navegables.

Con un golpe diario nos marcamos los días
para nutrir la estrella que no nos pertenece
y así, medio inconscientes y más amoratados
subimos al tren de senderos violáceos.

Renuncia a su memoria un dolor bajo ruedas
que en el silencio pugna por ser ala sin freno...
Ausente la mirada, ya sin fuego ni brillo,
un corazón se rompe de tristeza valiente.
Un viajero cualquiera que cae y rueda.

En la brisa, unos ojos, de monótono mar.

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!



Mon intention en écrivant est ..., rends-toi heureux.
Merci d'avoir lu, mon ami, lecteur.

domingo, 28 de abril de 2019

DE AMOR Y OTRAS RAÍCES


"El árbol del amor" de la artista Liliana Schlesinger.



"La superficie de la mar se ilumina
de color rosado. Sobre ella, el cielo se decolora".
Margarite Duras. 




De Amor y otras raíces

Primero fue Amor, estallido
de luz en nadas prematuras,
después llegaron los contornos.

Diviso amor, sobrecogida,
al ver su gen motivo desgranado
en el tránsito del mundo.

Amor de hoja pequeña, amor de flores
grandes, amores incontables,
perennes, inseguros,
etéreos átomos sobre las rosas
precursoras
y el ulular del peso de los siglos,
en los cálices.

Sostenido en la boca enmudece
en los dientes de un tiempo sin manecillas
y vuelve al combate, resucita
en la belleza pálida
de los ojos de los caminos,
exultante de idilios,
mezclado de vivencias, su destino,
en el juego de azares,
entre axiomas de aire.

Veo amor nacido y luego evaporado
sobre suelos terráqueos besa
almas, historias entregadas al mirar
desde el cubil de Lejos.

Amores desprendidos
de montañas que fueron
rocas vírgenes en el fondo del mar,
granos de estrellas dolidos
de espacios, liberados de fuegos,
de quimeras,
en ríos abiertos que no cesan
de caminar.

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

domingo, 21 de abril de 2019

CORAZÓN DOLORIDO

"La tragedia" ( 1903) de Picasso. Periodo azul.


"Suelo llevar la frente bien erguida,
he sido siempre recio y animoso".
Heinrich Heine.
Corazón dolorido


Te ha dolido la vida
y quizá te dolerá siempre...
Y lo diste todo: sembraste
entre piedras,
lloraste en la lluvia.

Corazón dolorido
que lates con grandeza
en lugares sin victorias.
Tú honras la figura
de tus quebrados huesos,
que sustentan tu fuerza,
que sujetan al «hombre».

Humano que eres solo, uno
de tantos despojado de piel,
atado por los pies.
¡La vida no te tiembla!
Te renaces al alba
y te inventas un nombre:
¿pero sabes quién eres?
Extranjero siempre,
olvidado de los dioses,
borrado de los mapas...

Mas..., yo conozco tu alcance,
tu reguero de sangre, tu infinita bondad.
Tu latido golpea
contra el fuego que abraza tu soledad:
¡es la forja de un héroe!

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Bon temps pour tous mes amis lecteurs.
Merci beaucoup à tous!

Amigos lectores, pronto os traeré un nuevo libro con el que espero tengáis felices lecturas. 
Su título es "Cuando fuimos ojos de lluvia". Son relatos cortos poéticos y poemas. Algunos han formado parte del tiempo de lectura de esta orilla, otros, del cesto de mis desvelos y mis noches imaginarias. Gracias por vuestro tiempo. Ya os iré contando...

miércoles, 3 de abril de 2019

ACUARELAS DEL NORTE Y DEL SUR


"El romper de una ola
no puede explicar todo el mar".
Vladimir Nabokov.

Aujourd'hui nous lisons...


Libro: Acuarelas del norte y del sur
Autores: Alexei Filimonov y Juan José Torres
Editorial: Círculo Rojo
Poesía bilingüe ruso/español
Edición y traducción: Nayla Garipova.
"El objetivo del proyecto consiste en ayudar al profesor/a en su clase con una poesía bilingüe que sirva para establecer la comunicación y estimular la participación de los estudiantes de ruso y español" Nayla Garipova


La ciudad fugaz
En una ocasión yo recordé
San Petersburgo como un barco antiguo fugaz
cuando el invierno al percatarse del miedo
retrocedía hacia la felicidad.

Cuando el hielo, parecido al granito,
baja por el Neva y por Fontanka,
las huellas de trineos desaparecen en las piedras
y la rama del sauce se abre en el jarrón.

Hace frío, pero en el silencio
crece la fuerza del sol
y en el azul celeste apacible
navega un barquito sin nombre.

Y como un ancla pesada en el fondo
aparece la campana de Isaac en la media noche
para interrumpir el sueño
con la melodía de la noche helada.

Buceamos en la tierra
Creo que nadamos en la tierra
templando de lágrimas nuestras almas
en las rocas, estepas, pantanos y cenizas
aún indisolubles en la piedra.

Aún no nos ha cubierto el polvo de la nada
y la tierra negra es tierna aunque no guste.
Nos agarramos a las ramas otoñales
y salimos fuera calados de dolor.

Quemando montones de hojas en los espejos
cercados por el sueño y el fuego
nos hundiremos en la arena
con el grano crujiendo entre los dientes.

Alexei Filimonov, poeta, crítico literario y traductor, nació en 1965 en Electrostal, Moscú. Hizo sus estudios de periodismo en la Universidad Estatal de Moscú y terminó el curso superior de literatura en el Instituto Literario Gorki. Desde 1998 vive en San Petersburgo.
Es autor de las obras de poesía La palabra nocturna (1999, La tormenta lila (2012). Autor también de artículos sobre el mundo artístico de de Vladimir Nabokov, Mijaíl Bulgakov y otros escritores contemporáneos.

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Acuarela de verano
Un viento de lebeche
acaricia las rocas
bajo un cielo estrellado
en la noche de luna
resplandeciendo el mar
con las luces de un barco
y en las olas tu cara
brillando en la memoria.

Hoy te has ido
Hoy te has ido pero me has dejado
un beso que estaba lleno de playa
y de arena y de sol y de viento
para saborear bien tus palabras.

Las olas de levante se han llevado
las huellas de tus pies que había en la arena
pero ni la mar ni el viento podrán
llevarse la dulzura de tus labios.

Pero volverás llena de esperanza
y volveremos a la misma playa
y en el estanque de las rocas blancas
hablaremos del amor y la vida.


Juan José Torres , poeta y crítico literario, nació en Almería (España). Licenciado y especializado en literatura inglesa por la universidad de Toronto (Canadá), licenciado en Filología Inglesa por la universidad central de Barcelona y doctor en Filología Inglesa por la universidad de Granada. En la actualidad es profesor de literatura inglesa y norteamerican en la universidad de Almería.
Sus obras poética comprende los libros. Poemas de amor (2006), Poemas para el recuerdo(2007), Poemas de amor y miseria (2009), Acuarelas(2011), entre otros.

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


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viernes, 29 de marzo de 2019

UN PIZARRO EN PRAGA




Un Pizarro en Praga


    Detrás de la puerta un pequeño de siete años miraba por el agujero de la cerradura. Se oían pasos agitados, gente corriendo sobre las puntiagudas piedras recién lloradas.
  Un golpe fuerte aporreó la madera. El niño se asustó y apartó su cara. Desde afuera, una voz cruel llamó: «¡Manuel Pizarro!»
  El padre, con los ojos temblorosos, miró al niño y le dijo en voz baja: «Escóndete en el pajar detrás de los burros. ¡Corre!»
  Se abrió la puerta. Se oyó un golpe seco y un: «¡atad al rojo y ponedle la venda bien fuerte en los ojos! ¿Creías que ibas a escaparte? !Tira!»
  El ruido fue alejándose y la calle silenció sus piedras. El niño salió del escondite, corrió hacia la calle hambriento de respuestas. En medio de la calle quedó solo. No había nadie en las ventanas, nadie a quién preguntar. Todas las puertas cerradas.
  Pasaron noches invernales y noches de soledades pálidas sobre la calle sin voz. Pasó el tiempo ojeroso arañando el dolor vivo sobre su piel. El niño cumplió diecinueve años. Dejó de mirar a las piedras asustadas de la calle y dejó de esperar a su padre. Dejó de llorar. Miró sus pies desnudos que ya se hallaban en un camino extranjero...

   Después de doce años trabajando por un trozo de pan para el señor alcalde y dueño de casi todos los olivares del pueblo, decidió cerrar la puerta de su casa huérfana, para siempre. Le dio las gracias al delator por haberle dejado ir al colegio algunas veces, por haberle regalado las ropas usadas de uno de sus hijos durante aquellos años de servidumbre. Pero aquel joven sabía con certeza, que el viejo alcalde jamás redimiría la culpa de aquella noche delatora. Su venganza sería irse lejos y no volver nunca a la patria sin memoria. Una patria que no había tenido interés en contarle las verdades que ocurrieron en las calles empedradas. Aquel año de 1948 se reabrieron las fronteras franco-españolas. Esta noticia fue de vital importancia para muchos jóvenes que quedaron huérfanos por la guerra como mi abuelo Román Pizarro.

  Por último se acercó a despedirse del río Tajo y dijo adiós para siempre al puente de Alcántara. Puente emblemático, aún manchado de sangre en las comisuras de sus piedras, donde en el 36 los fusiladores se jactaban del certero tiro en las cabezas. Desde allí tiraron a su padre y a muchos otros desaparecidos. Pero todo había quedado oculto y mudo, difuminado entre aromas de romero y jara bajo el sueño de Caesarina...

  Muchos años después, mi abuelo, nos contaba historias de la guerra de España, de la noche que se llevaron a su padre para siempre, de las calles de piedras de su niñez, mientras paseábamos por la plaza de la vieja ciudad de Praga. Mi abuelo nos decía con tristeza que, aquella guerra civil nunca se aprendió en las escuelas, y sin embargo, sentía un gran cariño por su tierra natal, estaba muy orgulloso de su origen español y de su apellido “Pizarro”. 
  Él siempre llevaba en las manos un pequeño libro de poemas del poeta Vladimir Holan. Le recitaba a las palomas con mimo, como si quisiera que sus palabras volaran por encima de los tejados y bajaran a beber en el río... Dolor y pena, recuerdos y añoranzas... ¿Quisieras ser de nuevo joven, vivirlo todo de nuevo?". Quizá porque se acordaba de otro río y de otra tierra de pizarras...

  Una tarde de mayo, la mirada de mi abuelo se fue con el río Moldava. Sus últimas palabras fueron: “uno es de donde ha aprendido a vivir”, recordando a su compatriota Max. Las palomas revoloteaban a su alrededor alborotadas, o quizá le recitaban ¿quién sabe? La fina y suave lluvia resbalaba en su cara, brillaba en las piedras del viejo puente...

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

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(Esta es una historia de España que mi abuelo me contó. La historia está ficcionada para preservar el anonimato).


domingo, 17 de marzo de 2019

AUSENCIA PALPABLE

"El árbol rojo" (De rode boom) es una pintura del pintor vanguardista neerlandés Piet Mondrian, hecha en 1909.
Posimpresionismo.


"La eternidad es un mero instante, lo suficientemente
largo como para bromear sobre ella".
Hermann Hesse.





Ausencia palpable

Ahora comprendo
mi torpe pulir la madera.
Yo contenía en mis manos cielos verdes,
tiernos brotes
de primavera pletórica.
Y pulía con entusiasmo
la cara olvidada del amor,
como el viento pule las ramas hasta volverlas rojas.
Y entonces
las ventanas se abrieron
cuando ya era tarde,
cuando ya huía el sol
y los búhos subían a las cornisas.
¡Triste caracola moribunda
sin aliento de jazmines!
¡Triste aroma
de resinas del ayer!
Y yo, con entusiasmo,
pulía las ojeras del camino apagado,
hasta tocar las voluptuosas madreselvas,
hasta rozar el hostil bosquejo,
hasta sentir el tuétano de la sombra.

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.



Merci les lecteurs.
Temps heureux pour vous tous!