viernes, 21 de septiembre de 2018

DESDE UNA CORNISA

Montañas Cárpatos (Internet)

"Al encontrarse ambos ríen, ríen...
El bosquecillo, muchas hojas caídas."
Poema Zenrin.





Desde una cornisa contemplo planetas,
desde esta esquina estampo mi orla,
aquí donde mi imagen ignota gobierna
al libre albedrío de mis propias formas.

Me adentro en espacios sutiles y extensos.
Miro al excelso paisaje que brilla:
senderos celestes, luceros arcanos,
palacios de ensueño con miles de años.

Y yo, ¡sólo flor! empapada en misterios
que a grandes zancadas cual gato se acercan;
fugados cometas, gusanos de cielos,
gigantes polares, troyanos apuestos...

Desde esta cornisa la vida es intensa,
las luces florecen, los soles gobiernan;
multiplica el sonido sus mágicas notas
y el eco se escucha en sendas sin vuelta.

Dibujo en mi mapa antojos al lienzo,
collares de estrellas, banderas sin luto,
lugares sin cruces, redondos completos...
¡Ay, mi cielo y mi tierra ajenos al mundo!




Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


Alegría musical en versión de juventudes ucranianas. ¡Ucrania bella!
Siempre dijimos que iríamos detrás de la alegría... ¿Recuerdas?






Gracias, lector.
Felicidad y alegría allá donde te encuentres.

Cuando aparezcan nubes negras
caminos
imposibles de andar, canta, baila, ríe...  
Clarisa T.

Quand des nuages ​​noirs apparaissent ou des manières impossibles de marcher, chanter, danser, rire…


Коли з'являються чорні хмари чи дороги
неможливо ходити, співати, танцювати, сміятися ...

lunes, 17 de septiembre de 2018

TODAS LAS ESPINAS



"Descuartizado me desangro:
nadie hará ya sufrir al hombre.
Nacerán hombres,
hombres auténticos,
más piadosos y mejores
que el mismo Dios".
Mayakovsky.

Dedicado a un toro que
se escapó cuando lo llevaban al matadero...


Y ya tu rostro,
deslizado al vacío
atraviesa las espinas del mundo...
Cantad, voces de animales,
un solemne réquiem universal
por la rosa que calla.

Un corazón se consuela en la colina
de las flores radiantes,
él ya no sufre por los dardos,
sólo admira su sangre y la ve correr...
—Algunos morderán su carne vencida,
se reirán de su necia fuga—
Pero él soñará entre las rosas...

El sueño relampaguea en sus ojos,
le trae yerba fresca
y fuentes donde sanar...
Atrás quedaron
los sometimientos,
los hombres punzantes,
los regueros de sangre de los días festivos.
El tiempo dulce apenas mamado
mugiendo en el vientre,
relamiendo en la ubre el dulzor de la madre...

Hay un corazón que huyó del verdugo,
corrió hacia las calles confundido,
imaginando en ellas
margaritas cosquilleando en su hocico...
¡Y quizás Platero baje a su rescate
y le traiga un millón de primaveras!

Un corazón lacerado con alas de mariposa
que se tiró al vértigo
y cerró los ojos,
para sentir los cantos alegres
entre la brisa soñadora
de los chopos.
Para atravesar con su último suspiro
todas las espinas del mundo.



En la búsqueda de respuestas.
    Nuestro mundo es un lugar extraño, unas veces da vida y la engrandece; otras, la quita y la deja tirada en el barro. No  imagino cosa más triste para la vida, que sentir que la desprecien. El desprecio hacia ella es grande. A cualquier lugar a donde miremos, lo vemos. Ya es un hecho normalizado.
   No inmuta, no importa ver matanzas de animales. Las jaulas de la explotación donde sus vidas son miserables. El sinsentido que algunas sociedades ejercen contra ella, justificándolo de costumbre o peor aún, vistiendo la tortura de cultura o arte. Es repugnante.

   Y en todas las manifestaciones en las que los “humanos” demuestran su desprecio hacia la vida de los animales, de la naturaleza y de otros inocentes de su misma especie, que ya sin gritos, cierran los ojos y quedan vencidos. Tendidos, enterrados en la más absoluta indefensión.
   El humano es así, malvado por naturaleza. Por alguna razón, la “humanidad” que lo hace diferente, es también un azote para la tierra. ¡La tierra! Lugar donde viven plantas, animales y personas. Y aquel que llegó el último se ha apoderado de todo con ansia destructiva y ahí está, embrutecido en su conducta aniquiladora, aterradora.

   A estas alturas de la vida en la tierra, los argumentos de los humanos para hacer daño han perdido toda razón. Pero ellos insisten en poner excusas para justificar su osadía. Visten de necesidades lo innecesario; de costumbre, sus debilidades más primitivas; a nadie engaña y nadie es engañado, pero unos siguen despreciando la vida con la complicidad de otros que permanecen impasibles.

   Hay, sin embargo, algunos humanos honorables que hacen ruido, no se callan. Son los que a pesar de las dificultades y contra la voluntad de sus congéneres, salvan vidas en medio de las guerras; dentro del mar; en plena proliferación de los estamentos perversos; de lugares oscuros; del hambre; de violaciones; de jaulas; de compra y venta ilegal de seres vivientes, de tratas; de la muerte lenta. De la muerte. Son los que han entendido que Justicia es un arma maravillosa que resarce a la vida y le da su valor.

   Esta evidencia de humanidad es la que provoca algo de esperanza. Gracias a esos humanos que se han desprendido de la falsa humanidad cómoda, es que el sueño utópico no ha muerto. Algunos están despertando a la luz y ya ven un camino hacia la vida. Para mantenerla viva, para sentir su bondad natural y existir en su abrazo. A pesar de tanto desprecio hacia lo vivo, mi corazón está alerta. Algunas noticias son esperanzadoras... No me dejo caer en el desánimo. Gracias a los que levantan su voz por las voces silenciadas. Ô la vie: J'aime la lumière de tes yeux!

   Gracias a los salvadores de la vida, de toda vida. A los que se arman de Justicia por ella y cantan todos sus silencios.

Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.




Gracias, lector. Volvemos al inicio, al encuentro con todos los sonidos...

De toutes les couleurs, j'aime celui-là de tes yeux. Tes yeux de lumière. Merci.

viernes, 7 de septiembre de 2018

TU BICICLETA ROJA








    Ayer, viernes y trece, cumplimos años tú y yo. Años de estar juntos pedaleando, amor.
     —¿Recuerdas el rostro de Pessoa, clavado en nuestros dientes caídos y tintineantes a sus pies? El sonido de la sirena de una ambulancia se acercaba. Y aquella gente que había sentada en el café, se levantó curiosa a ver qué pasaba. ¡Éramos nosotros dos, libres y estampados sobre las baldosas de la plaza! ¿Recuerdas? La que más sufrió fue tu bicicleta roja. Quedó destartalada. Sin ruedas, sin cadena, sin pintura... Pero con unas ganas inmensas de vivir.
  —¡Oh, me has mirado, Bastiam! Aunque estés ahí, paralizado por Alzheimer, yo sé que aún recuerdas nuestras tardes de agosto en el Barrio Alto. Tu bicicleta roja, ¿la recuerdas? Y yo entre tus brazos y el manillar, presumiendo de libertad... ¿Cómo podrías olvidar nuestra primera proeza en bicicleta? El inicio de nuestra carrera común sobre ruedas...

   Esta foto tuya y mía, subidos en tu bicicleta roja, debe ser del verano del 76 ¿o es del 78? Había claveles colgando en los balcones... Volvimos a nacer. ¿Te acuerdas? Nacimos: yo, con la muñeca izquierda rota; tú, con la pierna derecha destrozada. Y no sé en qué momento libertario, persiguiendo el desastre, tres dientes tuyos y dos míos rodaron calle abajo. Fueron a parar al rincón de la terraza del A Brasileira, justo delante del insigne escritor. Él, misterioso, sentado como siempre, dejó caer como quien tira unas canicas, unas palabras que guardaba en el bolsillo:

Primero sé libre; después pide libertad”.

   Con los ojos llenos de clavellinas, las recogimos y guardamos en un lugar inolvidable de nuestra juventud junto al Tajo. De camino al hospital, sin apenas poder hablar, le suplicaste a tu padre:
     —Pa, ¿recogerás la bicicleta? La arreglaremos y de nuevo... volveré a... Ella es la bicicleta con la que subiré al podio, Pa... Será en ella... Necesito esa bicicleta, Pa...
   Y entonces me miraste. Nos miramos. A pesar del dolor vi una mueca de sonrisa en tu boca sin dientes, mientras un hilillo de sangre te corría por la comisura, luego se le unió una lágrima escapada de tu ojo derecho. Limpié con un beso tu sangre y tu lágrima. Noté un sabor a sal y a tierra. A ¿esperanza? Mi estómago dio un vuelco. Te sonreí con mi labio partido. Era el tiempo de sonrisas mágicas. Tú con tus irresistibles 15 años; yo con mis 14 recién cumplidos. Lisboa nos parecía el paraíso y tú ya soñabas con el Tour, La vuelta a España...


   Aquella tarde, antes de la memorial apuesta, viniste a buscarme vestido con tu maillot amarillo, igual que cada tarde de agosto desde hacía tres veranos. Me llamaste a viva voz desde la calle: «¡Marilia!». Te contesté apresurada en la ventana: «¡Bajo ahora!».
    Cuando llegaron Mirari, Carlinhos, Lianor y Bento, en sus pueblerinas bicicletas, nosotros estábamos intercambiando miradas intrigantes en el portal de mi abuela, junto a tu estilosa bicicleta roja. Reconozco que ya entonces tenías un aire ciclónico arrebatador como Hinault. Ya entonces... Me dijiste, alisándote el pelo al estilo Travolta:
     —¿Te vienes a dar una vuelta, nena? Bajaremos hasta la plaza y luego, si quieres, iremos a Belem. Y antes de que pudiera contestarte, Bento, te atizó con su peculiar manera provocadora. —Ya sabes que estaba loco por mí en esa época y tenía la rabia contenida.
     —¡Eres un chulo, Bastiam! —Dijo Bento a bocajarro—. Te crees el dueño del mundo con tu mierda de bicicleta de última generación. ¿Te lo crees? Cada verano vienes a presumir de bicicleta y cada verano traes una nueva. Que si 3 velocidades que si 6... Que si ésta tiene 18, que si me compraré una de 20. Tú y tus malditas teorías de “frenado”; de “peso atrás” y “peso fuera”; nos hartas con tanta “inercia”. ¡Eres un idiota! No tienes ni idea de ir en bici y ya te crees Ocaña. ¡Solo eres un bocaza! Te propongo una apuesta, si no eres un gallina..., ¡clooo, clo clo clooo!... —Bento ahuecó los brazos y socarrón, imitó el gesto y el sonido de las gallinas cuando ahuecan el ala.— Sí, ya sabes, ja, ja... Prosiguió acelerado— Bajar desde aquí hasta la plaza pedaleando fuerte, pero con las chicas delante sobre la barra. Tú, con Marilia. Yo, con Lianor. A ver si tienes agallas...


     Nuestras ruedas de entonces eran ingenuas, ligeras como el viento. El tiempo ha sabido guardarnos aquella alegría bajando las estrechas callejuelas empinadas del Chiado. Yo entre tus brazos y el manillar, encogiendo el ombligo, cerrando los ojos; mi pelo en tus ojos, relámpagos, chispas... Aún puedo sentir el temblor de mis piernas a cada salto sobre los adoquines brillantes de espejos...
   Tú y yo temerarios, detrás de sueños prohibidos, desobedeciendo al mundo, a nuestros padres, a la abuela Maruxa. Persiguiendo al destino, retando pendientes. Porque éramos dos conquistadores de instantes; dos pompas de jabón estrelladas sobre la ropa colgada del balcón del vecino cascarrabias. Y, ¿acaso importaba?

     —Bastiam: ¿quieres volver a verla? Nuestros amigos han venido a verte y te traen un regalo. Bento está aquí, ha traído tu bicicleta roja y está como nueva. ¡Mírala, Bastiam, mírala! ¿La recuerdas? Quizá ella te devuelva la sonrisa y vuelvas a pedalear la vida...Ella que te dio tantos triunfos y nos salvó tantas veces la vida.


Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.



Fernando Pessoa, según el escultor portugués Lagoa Henriques.


Gracias, lector.

Toujours le meilleur pour tous vous, des lecteurs de ce bord.

sábado, 1 de septiembre de 2018

EN LA DIÁSPORA

Pintura de Yuri Klapouh (Юрий Клапоух).
Pintor romántico nacido en la ciudad de Jarkov en 1963, Ucrania.


"En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras".
Pablo Neruda.






Romper.
Deshacer el mar que tanto ahoga,
hacerme fina sal
o libre sueño.

Romper.
Golpear el gran dolor
hasta que cierre,
alejar de mí los inframundos.
El techo ennegrecido, los errores.

Habitar.
Vivir donde una vez
sentí olas de tiempo golpeado,
allá en la breve música
de una canción de nadie...
Vestirme de otros ojos, de otras tierras
molidas de distancia.
Sentir cálidas voces
que vibran cuando aman.

Romper.
Llorar todo el recuerdo,
el bagaje agotador.
En los violáceos rincones
de mis edades de espuma,
ser rosa de onda única
que desvista la lluvia.

Y allí, donde tus ojos pensativos,
orilla transitable,
sonrisa de ventana de hogar nuevo.
Piel de arena
sin ruina de castillos en el aire,
sin brumas ni oleajes,
sin cenizas.
Poema en el borde imaginario...

Nacer lejos de calles conocidas.
Flor de abrazos, de ocasos.
De una canción de pérdidas.


Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.






Gracias, lector.
Le temps du bonheur a l'habitude d'être bref... Le Soleil de nos jours!
Щастя є скрізь ...




lunes, 27 de agosto de 2018

POR EL CIELO, A POLONIA

Gdansk, Polonia.
"Agito mi memoria,
tal vez algo en sus ramas,
adormecido por años,
salga de pronto volando".

"Pobudzam moją pamięć,
może coś w swoich gałęziach,
odrętwiałe przez lata,
wyjdź nagle voland ".

Wisława Szymborska. Escritora polaca.
(Premio Nobel de Literatura 1996).







En la estación de embarque todo fue precipitado:
las maletas se adelantaron. Au revoir!
Mansas ovejas en la sala del matadero,
todas las maletas quedaron en Stand by.

Al pasar sobre las nubes se ven
atardeceres cobijados en sus lomos, sonrojados
de soles, esperan a las grullas en su vuelta de África;
—ombligos se encogen, cosquillean los pies—.

La pequeña niña agita su mano con emoción
igual que un ala en su primera aventura.
¡Todo es tan ingenuo en las alturas!

La distancia en el cielo es un ojo fantasma, extraño;
con la misma pregunta sin respuesta parpadea,
se confunde entre millones de seres intrigados
en las ondulaciones del rumbo.

Se unen al viaje rumores del este, 
aleteos de pasajeros veloces,
tormentas aulladoras, eléctricas;
las grandes bocas de humo...

Recuerda a las líneas de salida de olímpicas carreras.
A una estampida en llamaradas en las dependencias del eco.
Todo se anuda, precipitado, al cuello del viento:
¡Ristras de pañuelos! Bienvenidas y adioses.

Todo sigue la corriente de un rutinario
de plegarias hasta su desembocadura.
Y entonces se abre la puerta tan esperada,
—la gran puerta donde arriba el viajero
ávido de indicios por descubrir—.

De par en par se muestra la ancestral memoria
en los ramales lucientes de su arboladura.
Las jaulas humanas, cercadas de pasado,
trasnochadas en violines de rojo y gris;

los barcos de guerra que ahora son palomas.
Nobles paraísos, iluminados,
vislumbran los sueños de la ciudad cautivadora
de almas. Mon amour, Varsovia: Je suis ici! 


(Poème recueilli dans mon journal Voyage, Août 2018).



Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia. (Pałac Kultury i Nauki).

Krakowskie Przedmiescie.

Panorámica de Varsovia (Panoramiczny z Warszawy).

Gracias, lector.

Feliz tiempo, allá donde te encuentres...
Bon moment, où que tu sois...
Щасливий час, де б ви не були...
Szczęśliwy czas, gdziekolwiek jesteś...
Happy time, wherever you are...


Nota: Las imágenes de este post no me pertenecen, están tomadas de internet y solo tienen permiso para uso editorial. Gracias.

viernes, 10 de agosto de 2018

CANCIÓN PARA UN ENCUENTRO EN CHERNIVTSI

Imagen: Abstraite Femme. Vladimir Volegov.
 (Владимир Волегов) pintor realista ruso.
http://www.volegov.com/






Inflamados de pasión, en la urgente
semilla del alma, poblamos
de aromas los caminos del este.
Fue una tarde de ventanas ruidosas
bajo los violines de Chernivtsi.
Los pies del ayer bañados de orillas.
Nuestra risa, con millones de gotas,
construyó un arco iris.

Nos miramos, recuerdo ese brillo.
En el viento ardían las promesas.
Nuestra rosa dormida renacía vital
al Amor: Sueño imborrable.

Con un solo beso, ¡ángel triunfal!,
volcamos todas las estaciones.
Nació nuestro Verano de mágicos veleros,
de horizontes incendiarios.
¡Los vivos girasoles de la carne!


Con días obstinados voy
cantando un día y otro día.
Las horas se desplazan sobre
el viejo amarre del Cheremosh,
el miedo husmea entre cortinas.

No quiero que la noche encoja
mis hombros con ecos que no vuelven...

Tus brazos recorriendo mis páginas,
las piernas de mis olas,
los finos nenúfares, mi tierra.
El último amor que no se borra.
Corazones indomables sobre la hierba,
hirientes de ternura, de lunas.
Tu voz al combate de caricias,
yo hechizada de ti. Tú en mi cintura.
Como anillos revolucionarios
saltando de portal en portal.

Los cielos de algodón
rozaban Kryvorivnya,
cuando tú y yo, desmayados,
nacimos en la flor universal.

Ella estaba hermosa
de pétalos y brisas,
bebimos de su boca.
Caímos atrapados en sus rayos.

El ayer, zigzagueante,
se fue por el barniz de las calles...
La explosión de crisálidas
en nuestro pecho y vientre,
que llegó como un bálsamo,
que desnudó las llamas.

Tu nombre vino a mí como un ramo
de estrellas disidentes.
Lo alcancé con mis dedos y atrapé mil deseos,
melodías de fuentes, el hogar de tus ojos.

En Lviv nos besamos
como dos muertos de hambre,
dátiles nerviosos caían, las extranjeras lágrimas...
A lo lejos, los Cárpatos, aullaban.
Sobre el lecho de Venus, un rutilar de cálices.

Y entonces fuimos ríos indagadores
por valles verdinegros,
hasta llegar al Meva, ¡solaz dulce!
¡Hasta colmar la corriente apasionada!
Festín de caléndulas en los cedros,
flamantes de sonidos, nuestras manos.
Como astros encendidos
florecimos de lluvia en la mañana.

En Yalta, nuestro amor, moría
agrietado en la distancia.
Desterrado al tamiz de las nieves
sin labios que lo amaran,
su rostro se hizo espuma. Tierra hostil.

Me recreo en el destino de tus amaneceres...
Álgidos de besos sin fronteras, tus palabras
sobre mi corazón insomne, fundían la belleza.

Anhelo ver el sueño despertado,
la casa, —donde libres— nuestras aves
veloces y serenas, volverán a ser ángeles...
Soltar mi corazón como un globo festivo
y alzarme por tu espalda.
En tus enredaderas
rizar todas las letras del poema.

Y en vez de ir muriendo un día y otro día,
cantar por encima del mundo
la fiesta de los cuerpos.
Al mar, a los desiertos. Alzada mi cabeza,
erguida de pasión canto que llegas
sobre azures exóticos.
Cantar sobre las aguas aurorales
las sedas del amor, blanco y desnudo.



Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.



Gracias, lector.