sábado, 7 de diciembre de 2019

EL JOVEN CLIMÁTICO







El joven Climático

Cuento bajo la luna pálida de Chernobil.

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Un joven desconocido llamó a nuestra puerta,
mi hermana y yo, tras la ventana,
algo desconfiadas y muy curiosas, le preguntamos:
―¿Quién eres tú?―. No hubo respuesta.
El joven insistía, tocaba con los nudillos de su mano
en la madera:¡Toc, toc, toc!
Nosotras, temerosas, lo miramos a través del cristal,
escudriñamos su aspecto medio embobadas,
porque algo raro había en él y no sabíamos qué era.
¿Temerosas de qué? —nos dijimos—. Encogimos nuestros hombros ignorantes, y prestamos nuestra atención
a un pequeño sustillo estampado en la pared,
al pobre, se le había partido un diente...
Mientras la montaña que siempre vivió helada, se derretía
y mientras la sed agrietaba los frutos y llenaba de sales las praderas, nuestras dudas trenzaron un camino para las hormigas...
Y no abrimos la puerta.

Y él, adorable, acercó su cara a nuestra ventana boquiabierta, sonrió como un ángel que trae buenas noticias e hizo un ademán en señal de «¡esperad!». Inclinó la cabeza y...
¡Comenzó a tocar!
Entonces su música detuvo al último pájaro que pasaba
y creció un tierno lirio en un balcón...
Nuestros dos corazones sin latidos desde los tiempos
primaverales, sintieron la alegría de un batir...

En nuestra puerta hermética, un violín sonaba
como el gemido de un canto de “socorro” universal
que sólo quisiera cantar de rama en rama...
En nuestra puerta sonaba una melodía
que hacía suspirar a las enterradas semillas
de las ipomeas y su aliento llegaba a nuestras manos torpes...
Melodía de un soñador climático —pensamos, incrédulas—
que busca un lugar donde echar sus raíces
y quizá volver a ser frondoso pulmón planetario.
Tal vez él llegaba de los viejos mares enfermos,
invadido por recuerdos naturales de cuando aún eran limpios albergues llenos de juveniles coralillos vibrantes de sol...
Quizá de otros cielos sin humos apresadores, lejos
de la Gran contaminación y sus secuaces garras...

Mi hermana y yo, detrás de los cristales mocosos,
alcanzamos miles de escalofríos desorbitados...
¿Por qué tocaba allí? ―nos preguntamos insípidas―.
¿Acaso no quedaban otras puertas?
Acaso aquella era la última ocasión
de escuchar los sonidos creadores de la tierra...

La melodía, ágil surcaba sin temores
como un cometa a su Olimpo de imágenes...
La araña del techo siguió tejiendo tranquilamente,
pero una garza extraviada, se paró sobre el balancín del porche a balancearse...
La rosa medio muerta de la esquina del parque
irguió su tallo y dejó caer un pétalo
como quien deja caer un corazón de invierno.
Aquél joven, seguía tocando, así como un iluminado
en sus laureles armónicos...
Mi hermana y yo lo mirábamos de reojo...
Los rizos dorados de su frente, alborotados
por el ritmo, dejaban ver dos ojos bondadosos...
¡Ojos de versos! ―dijimos al unísono― .
¡Aquel ser increíble era Otello! ¿Traía algún mensaje?
Cuando dieron las siete en el reloj, como si de un mandato
se tratara, puntual a su tiempo, dejó de tocar
y preciso, guardó su mágico violín, hizo un ademán
e inclinó la cabeza con una reverencia compasiva y, se alejó...
Al llegar a la esquina volvió su rostro de nuevo,
levantó su mano derecha en señal de adiós.
Y nos dejó como en aquella canción de Sabina,
“con la miel en los labios”, rapsodias divinas,
un vals de Tchaikovsky rutilando los ecos del bosque,
Caruso en las olas del mar...

Abrimos la puerta cuando ya era tarde,
su luz aún brillaba en las cornisas calcinadas...
Apresuradas, corrimos detrás de su aroma
preguntándole a la lejanía:
¿Quién eres tú? ¿Por qué has venido
a nuestra puerta con tu melodía?
¡No te vayas! Lloramos...
Su rostro etéreo, desde los páramos,
nos regalaba sonrisas de rosas besando nubes,
ojos de ensueño idílico, su faz deslumbrante...
Sin una palabra, su figura se perdía
trás el último horizonte revoloteador..

Aquella melodía aún resuena en las calles sucias,
tiembla entre los esqueletos plásticos
que agitan las ratas errantes...

El sonido Climático vuelve una y otra vez
cada veinticuatro de octubre y suena en nuestra puerta,
toca sus violines cansado de orillas pestilentes,
sube a los cristales llenos de polvo,
trepa por la piel impávida de nuestra casa vacía
y cae agotado al montón de la indiferencia...

Algunas tardes agitadoras, nuestra puerta se queja.
Ella se abre y se cierra, parece que tenga dos bocas,
dos alas que quisieran volar y subir a las torres del aire.
Nosotras, esperamos y esperamos... Nunca tuvimos respuesta.
Sin poder evitarlo, nuestros ojos de estatuas
aún miran a la calle desierta...

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!






martes, 19 de noviembre de 2019

SE PERDIÓ EN EL MAR

Niños cogiendo estrellas.
(Con permiso de Internet).


"Tu aroma se esparce,
siembra de corales
el lecho del mar..."
Clarisa T. 
Del libro: Entre dos tierras (2015).
(Al recuerdo de Aylan Kurdi 
y al de todos los niños muertos en el mar.)


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Se perdió en el mar

Una boca pequeña,
una calle cualquiera
sin más pasos que andar.

Un pétalo del viento,
una tarde de invierno,
un pequeño latido sin hogar.

Un arrullo de besos,
unos ojos luceros,
una vida pequeña
que ya no llorará.

Salpica una ola
sobre la orilla,
mil pececillos
quieren seguirla.

Zapatos pequeños
sin estrenar,
sobre la arena
se quedarán...

Una tierna sonrisa,
pájaros de nieve
que quieren volar.

La última esperanza,
la tierna inocencia
cubierta de sal.

Un corazón pequeño,
una cuna de besos,
el tiempo de soñar...

Se perdió en el mar,
unas manos pequeñas
que ya no se alzarán.

Un pétalo del viento,
una tarde de invierno,
un cuento sin narrar.

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Queridos lectores:
Según las estadísticas, 1.000 niños mueren cada día por falta de agua (Unicef); 85.000 niños han muerto de hambre en Yemen en los últimos cuatro años (2014-2018. La vanguardia); 640 niños se han ahogado en el Mediterráneo desde la muerte de Aylan Kurdi en 2014 (niño sirio refugiado), según  Save the Children. Hay millones de muertes de niños evitables en todo el mundo.  ¿Por qué se permite?
Un hecho tan escalofriante, creo, merece un recuerdo, una canción. Un poema...
También acuerdos entre países para proteger la infancia. Acuerdos de Gobiernos que lideren  un cambio en las políticas migratorias que permita a los niños y niñas buscar protección en Europa a través de vías legales. Se debe evitar que los niños sigan poniendo sus vidas en riesgo en el mar o en manos de mafias. Los niños merecen vivir. ¡Todos!


Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!



Les Choristes - "Vois sur ton chemin".

martes, 12 de noviembre de 2019

MIEDO

Con permiso de Internet.

"No me preguntes dónde se extraviaron
esos dorados átomos del día".
Thomas Carew.



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Miedo

A los ángeles mudos,
a la garra de hierro
que devora el recuerdo.

A que toda Inocencia
soporte iguales desastres
o agrandados,
ahora y siempre
por los siglos de los siglos.
A diluirme en el abisal de Cosmos
sin más palabras...

A que vuelvan las mismas preguntas
migratorias,
a que huyan de mí todas las respuestas
desplumadas.

Y las mismas calles sucias
imaginando lenguas de escobas,
y los mismos perros tristes
soportando la idéntica
anatomía de la crueldad.

A creer que algo es algo
y luego ¿quién sabe?
A ser y no ser, y siempre ignorante
ante el vaho efímero del espejo.

Ni libro, ni verso,
ni eco en el viento...
Ni cita inspiradora
para ilusionar alguna fiesta de amigos,
como suele ocurrir con Whitman o Dinesen.

Un peatón atropellado,
una activista masacrada;
carne de matadero, escalinatas
donde el diablo se columpia...

Tengo miedo
al dolor de la ausencia infinita,
a dejar de soñar, de escribir...

A terminar mis días
refugiada en mí,
sin peso en la espalda,
sin fuego en la boca.
A no ser leída ni en los sucesos,
ni ser un silencio
en memorias de paso...

A que tú no pronuncies
mi nombre en la despedida...
Mi nombre, que tanto me gusta en tus labios...

Miedo a olvidarme de las cosas que siempre
creí inolvidables...,
la figura de luna bailando
en la charca azul de unos ojos... ¡Tus ojos!

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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Chers lecteurs, je vous prie : 
un million de soleils pour vous tous.


Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!



In a Time Lapse


miércoles, 7 de agosto de 2019

CUANDO FUIMOS OJOS DE LLUVIA

Libro: "Cuando fuimos ojos de lluvia".
Autor: Clarisa Tomás campa (Julio 2019).
Novedad literaria.


Je crois en moi.
Je crois en mes mains, en ma lettre universelle.
Clarisa T.
   Estimados lectores: Leemos la vida...

   Mi editor acaba de darme la buena noticia  de que mi último libro ya está publicado y libre para su difusión. Me siento feliz de compartir este nuevo eco con todos vosotros. De momento sólo está disponible en alguna plataforma, más adelante se podrá comprar y difundir en otras. ¡Qué cosas! Y yo, lejos... En algún lugar donde una vez fuimos nómadas...

   "Cuando fuimos ojos de lluvia" recopila algunos poemas, cuentos y relatos inéditos, y otros que ya había publicado en este blog. Habla de encuentros con el dolor y también de encuentros con la alegría. En él también se deja escribir la esperanza... Y solo pretende ser una pequeña ventana por donde mirar lo que mueve el viento, lo que hace soñar a las hojas. Quizá un paisaje olvidado, o un cuento que alguien nos recordó en una noche de insomnio. Un oleaje de arboledas bajo la fina lluvia, y que a pesar de todos los relámpagos, siempre viene cargada de amor. ¡Oh Nebulosa!

   En principio iba a ser un proyecto de autopublicación con la editorial de un estimado escritor y compañero de escrituras, por motivos diferentes no pudo ser en esta ocasión; pero habrá otro momento más favorable para publicar con esta fórmula, seguro. Y en verdad le debo mucho a Nino Ortea. Él es un escritor espléndido en todo el sentido de la palabra. Yo también creo en ti, compañero. Merci pour tout!
   En breve pondré el resto de los enlaces donde se podrá adquirir Cuando fuimos ojos de lluvia, tanto en digital como en papel.
   La edición en formato papel es "a demanda", con lo cual si alguien está interesado sólo tiene que pedirlo en su librería habitual y podrá tenerlo en pocos días. 
   Gracias a todos. Siempre animada por vuestro apoyo lector, sigo escribiendo. "¿Seré lectura mañana también yo?". Que decía Unamuno.


Cuando fuimos ojos de lluvia puedes encontrarlo en: 
Amazon libros

El Corte Inglés / Libros

Casa del Libro

Libros. cc

Agapea/Libros

Libros en Google Play

Mención en:
Ven y enloquece

Extractos del libro: "Cuando fuimos ojos de lluvia" de Clarisa Tomás Campa.


"Primero fue la pasión
de amar por encima
de todo lo aprendido.
Después llegó el dolor
para fortalecer
la piel de las semillas".
Del poema "Creación sostenible". 



"Sobre la joven tierra sedosa
dos almas descubrimos
de amor no recorrido,
de amor primaveral
en las ardientes rosas..."

Del poema: "Cuando fuimos ojos de lluvia".


"Yo tenia una casita de porches abiertos,
con guirnaldas de campanillas y pensamientos
que trepaban alegres por su encalado,
allá por el camino que baja a la bahía..."

Del relato-poema: Estación desmemoria".

"Porque Lluvia está ahí, como punto
y extremo. Dibuja océanos
nublosos bajo la tundra.
Temblequea en las nubes y vuelve a la nieve
para ser raíz blanca, palpitar que no cesa.
¡Cáliz en la rosa dormida!, quizá para
vencer los inviernos apresurados..."

Del poema: "Mensaje en una gota de agua".



Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

viernes, 19 de julio de 2019

EL PINTOR DEL MAR





El pintor del mar


   Hace unos años, en un viaje a Varna, conocimos a un extraño que nos dejó honda huella. Recuerdo la historia de Borysko, un excomandante del ejercito ruso de la época en la que colapsó la Unión Soviética, y que había terminado alcohólico y sin hogar. Vivía en la playa. Solía pintar el mar y mientras lo hacía, susurraba el sentimiento que lo invadía. Algunos se paraban a escuchar su soliloquio y mirar sus garabatos. Pero nadie se quedaba mucho tiempo junto a aquel loco exiguo. Mi familia y yo, sí nos quedamos.
   Era nuestro último día de vacaciones y fuimos a despedirnos del mar negro. Al ver a Borysko en aquel trance frente al mar, nos sentamos sobre la arena a su lado y lo escuchamos hasta el final de sus pinceladas.

   Antes, en aquella mañana de julio, disfrutamos de una visita al Museo Arqueológico y sus famosas reliquias tracias de seis mil años de antigüedad, después almorzamos en el parque Primorski. Salido de una luz marina, apareció el hombrecillo de pobre aspecto, abigarrado y con barba de mil años. Cargado con sus bártulos se encaminó en dirección al paseo marítimo. Fue nuestra pariente Katiusha, la que reparó en su guerrera de combate desnutrida. En su pechera, sin embargo, lucían un sin fin de medallas con estrellas doradas, rojas y plateadas, que lo hacían brillar como un nacimiento de solecitos. Recuerdo que Katiusha se emocionó como la voz de una antigua canción de amor que sonaba...

   En un rincón de la playa de Varna, volvimos a verlo esa tarde. El viejo soldado pintaba olas. Le hablaba al mar y blandía su pincel como un fusil que sabe de victorias. En mi cuaderno de viaje plasmé su voz gemidora, junto a un plumón que el viento trajo en un revuelo...

   “Soy un hombre perdido. Perdido como un perro vagabundo sin calle donde dormir. Como el diente de león en los páramos. Como el olvidado en el corazón de Siberia... En tu orilla, ¡oh Negro!, mis manos se baten con las olas y se hacen blancas.... Recogen miradas que cayeron al mar desde su historia...
   Algunos transeúntes me dejan en el cestillo monedas para un trago; otros dejan panecillos que no puedo roer; pero a veces, algún niño me deja una chocolatina envuelta en sonrisas. Los niños me comprenden. Iluminan con su chispeante dulzura mi diario amargo...
   Soy un hombre solo. Solo como el «yo» sin atisbo de Verbo. No tengo compañeros de patio. El tiempo de jugar ya pasó...
  Las olas saltan, me alcanzan de lleno y entonces las prisiones se abren y yo escapo con el mar. ¡Pobre pintor!, —alguien dirá—. Pocos son los que compran mis dibujos. Pocos se llevan esta impronta en lienzos. ¿Acaso importa? Yo siempre he pintado para el ojo del mar...
   Trazo la cara del mar en su cárcel, en su arboleda de nubes, en su viento errático cargado de muerte; y en su lengua rastreadora y en sus raíces sin nombres, coloreo la herida. En los verdes olimpos y en las azules Ítacas de los valles del mar, remezo el arcoíris que ayer cerró los ojos...
   Deslizo el pincel, recojo otra mirada perdida y, ahí queda el mar prolongado. Trazo instantes, pinto melodías de suburbios trasnochados de tempo, que salta enjabonado de espuma. Que apenas se deja acariciar...
   Desde este ángulo, el mar y yo, somos la misma esquina. Incontables manos que se dejan llevar por el vaivén del empuje del vientre indómito. Un mismo estallido. La misma explosión... El mismo abandono a lo que surja mientra la gaviota picotea... Él y yo nos hacemos un hueco entre luces y llamas, saciamos la bravura del oleaje con baños de purpurinas...

   El mar habla continuamente. Lo escucho a barlovento. Cuenta proezas, le dejo narrar... En sus pergaminos coralinos guarda la sangre que derramé... Agradezco a quien pasa y nada pregunta, porque ya no recuerdo el origen de mis palabras solubles, y si hubo un lugar donde habité en sus desfiles...

   Vengo a esta playa como una costumbre de mis pies, por la inercia de mis botas. Admiro el mar, vuelco mi nave desolada en él. La que olvidé como una rosa en el viento. La que dejé al albedrío de los naufragios.
   Soy pinceladas demacradas de aquellas guerras que me abandonaron. Mientras dibujo, hay peces con suerte que escapan de las redes; un niño pasa corriendo detrás de un globo; una paloma herida se duerme a mi lado. Un ala delta sobrevuela la ensenada, deja su ruido arácnido. Y una joven sirena cae del cielo, se levanta de las arenas y se abraza a un joven sirenio con melena de león y maleta de leopardo. Acecho al sol en su baño de horizontes... La vida anda ajena a los eclipses. Aplaudo en mi interior la fuerza que no la derrumba. Porque yo una vez también fui Fortaleza.

   Mientras dibujo explosiones de burbujas y sales, me sacio con abrazos que otros se prodigan. Me conformo con la dolencia que tritura el día. Pero yo nunca fui éste que soy. No. Yo, era...
   Una vez fui otro. Sé que tenía un verbo interior que sabía conjugarse sin herir el idioma. Yo era más que un simple infinitivo, más que un nombre en decadencia. Y podía nacer en besos, y crecía en mil sabores...
   Ahora mis dudas pesan más que mis años. Y mis años ya no recuerdan sus canciones...

   Hoy es el día: ¡A tus órdenes, Negro!
   Soñoliento estoy entre turbulencias. He llegado al desquicio inenarrable. Es la hora, suelto mi mano. Ella dejará de dibujar... Cuando el día se aleje a su trinchera, también yo me iré... Mi mano acaba de caer y a mi alrededor, algunos ojos me admiran extrañados... ¡Oh Mar inconquistable, alza tu mano y pinta!”.


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Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

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Gracias, lectores. 🙏
Merci beaucoup à tous!

Para vuestro interés sobre la tierra de Bulgaria, dejo enlace sobre qué visitar  de sus muchas maravillas:

http://www.bulgariatravel.org/#map=6/42.750/25.380