domingo, 25 de octubre de 2026

UN DÍA DE DOMINGO

 

© Clarisa T. All Rights Reserved

Un día de domingo

Ocurre que estoy
caminando junto al mar
en un día de domingo,
voy entre mis pensamientos
y la fiel realidad.

El oleaje vuelca días ahogados,
días arrastrados que buscan salvación.
Algunos sobreviven como recuerdos
eclécticos que se levantan y andan...

A los que han quedado varados para siempre
los despido con una sonrisa, me siento ínfima ante ellos,
porque después de todo, han llegado con su heroicidad
hasta esta orilla donde Dios suele pasear al atardecer...

A mi paso encuentro días azules
llenos de resplandores 
y buenas cosechas.
Y días verdes como la viva tierra
recién alimentada por la lluvia,
vibrante de canciones,
¡belleza que no se olvida!

Llegan en un golpe de mar
días grises sin perfume,
el asfalto pegado a la piel, 
les cuesta respirar, 
los limpio con caricias, 
poco más puedo hacer...

En avalancha se precipitan
días entrecortados,
se desploman sobre la arena 
frente a la impotencia que me habita,
son días que terminan 
a la hora del almuerzo, 
asfixiados bajo túneles, solitarios,
su rastro queda irreconocible...

Y días asombrados que vienen
de lugares lejanos, enajenados,
por las sombras de la avaricia,
por los traumas que les persiguen...
O quizá por el contacto
con el amor que aún prevalece, 
¡flor divina! Flor que viaja
con ellos desde su origen.

Si este día brota 
como un ruiseñor,
será una melodía...

En este domingo mi corazón
está repleto de sensaciones 
que no sé cómo afrontar, mis ojos
intentan esclarecer la mirada
de los días que no saben llorar. 
Los signos del dolor no son claros, 
cuesta comprender las heridas
de esos días que no se quejan.

¡Oh, buen domingo
que me traes señales!
Alguien pasa corriendo
y deja un reflejo.
Contemplo una flor abierta,
se balancea en el mar,
Dios no está lejos.

En un hilo de brisa 
me dispongo a dejar la orilla
y volver al domingo callejero, 
Pero un pequeño día 
soñoliento ha caído a mis pies,
no adivino su procedencia. 
¿De dónde vendrá él? Lo rescato
de sus vendajes y de las arenas... 

Así a contraluz 
él me sonríe con ternura celeste
como nunca vi antes,
lo abrazo como al hijo soñado, lo llevaré
a mi casa, se quedará conmigo.
Y quizá en otro día 
de domingo futuro
cuando Dios pase en el atardecer,
él se irá de mí lado detrás de sus pasos
al vaivén de las flores, 
con el amor más bello.
¡Junto al amor más grande!

Clarisa T. © All Rights Reserved.
Gracias, lectores. 🙏📚
Merci beaucoup à tous
Escuchad con calma
el murmullo del corazón.
¡Felices lecturas,
ahora y siempre!
¡Abrazos y sueños! 
🙋‍♀️📚☘️🤗
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