domingo, 6 de marzo de 2016

AIRES DE TERNURA

Audrey Hepburn, actriz británica, considerada la tercera mayor leyenda femenina del cine estadounidense. (Bruselas, 4 de mayo de 1929 - Tolochenaz, 20 de enero de 1993).  Dedicó parte de su vida a tareas humanitarias.
http://www.audreyhepburn.com/
A lo que duerme, y a lo que despertará...
Tú que acunas mi sueño,
quiero la flor dormida
  bajo tu canto,
la ternura que guardas
bajo la piel de invierno.

Abrí la ventana,
qué fácil fue verte...
La estrella del norte
escapaba en lo alto.
Y tú dando vueltas
en el patio común...

Los jazmines brillaban a tu paso,
el sauce era un trino rebelde,
y tú, ¡ternura invisible!,
subiste hasta mi vientre,
cruzaste el océano de mis huesos...
Nunca miras a esta ventana mía,
nunca alzas la mirada para verme,
¡ojos de mar y añoranza¡,
pero sé que me anhelas...
Y como distraído, te acercas
al borde de la fuente y miras
mi reflejo ondulando en el agua.
A veces te detienes y siento tu dulzura,
y haces saltar, graciosas, a las ranas
sobre mi pelo de ondas, y salpicas luciérnagas
y acaricias mi cara entre las serpentinas...

Lánguido llega el viento ovillado en su arrullo,
remanentes alados del preludio de invierno
se ocultan en su piel.
La estación de las nieves se acerca
de puntillas, trae perfumes de otro tiempo
con sus giros y ecos, y envueltos en ternura
suben a la montaña donde el último arce
se contonea en su cresta;
y bajan, cándidos, como algodones, para morir
en nuestro valle, al lado tuyo y mío,
aquí donde lloran los nidos y las flores...

Los líquenes esconden su verde
ocre, su dolorido aliento acostumbrado
al ciclo de las cosas que aún nos sorprenden...
Y volvemos a ser lo que siempre
fuimos: dos silencios tallados en piedra;
dos hojas dormidas a la intemperie
bajo la misma orla que guía al caribú.
Dos gotas conmovidas, fundidas
con el tenue fulgor de un rayo nuevo.
Dos caricias aisladas, varadas
en el mismo sorbo invernal.

Del libro (inédito) Los puentes desatendidos. Por:  © Clarisa T.